
TENGO LA SED DE CIEN NOCHES
Mi cuerpo verde pálido,
envuelto en niebla,
rodeado por la bruma del estanque.
Una luz penumbral
irrumpe, con el peso de mundos,
desde fondos hondamente ocultos,
alzándose como espuma de olas.
Aún no se mueve ninguna hoja.
Por la sangre emparentado,
la boca abierta de par en par,
se arrastra hacia la oscura ciénaga,
no puedo verlo
y ya lo siento,
el llanto retorciéndose en la garganta,
pero mis labios secos
no emiten sonido alguno.
Sed de cien noches,
torturante caen las gotas en el lodo,
un espacio colmado de lejanos lamentos
que nada traen,
que nada se atreven,
rendidos entregándose al sueño,
mientras este cuerpo de serpiente
hundiéndose
horada el abismo eternamente.
Laura Trat
TENGO LA SED DE CIEN NOCHES
Tengo la sed de mil noches,
la mirada de cien días;
Sé pasear un cuerpo sin prisa,
meticulosamente.
Busco la vela encendida
fuera de las iglesias,
el acolchado altar
de los profanos.
Es mi barco de vela,
mi paracoches, mi pararrayos.
No necesito tu nombre,
mucho menos tu apellido,
pero sí tu lengua de lagarto,
pero sí tu confusión y tu recelo.
Postigos de ámbar y nácar
se ciernen sobre la espesura
que dilata un espacio de tiempo
convirtiéndolo en un todo,
en un lóbrego y vibrante momento
que apuntala las horas
convirtiéndolas en crisoles
donde se derriten fuegos de viento
que se convierten en celadas,
que se convierten en rostros.
Henar Hidalgo
TENGO LA SED DE CIEN NOCHES
Cómo resistir en esta batalla
Noche absurda del tiempo
Sepultando cuerpos en la travesía
esperando algún dios perdido.
No hay estrella que consuele
ni silencio que alumbre
Solo la muerte compañera.
Este destierro de lo humano
clama justicia eterna.
Sed de multitud hambreando paz
En mesa de postores deciden el destino
tiranos de la historia
sádicos comensales.
Hiere la poesía hincada en la piel.
El grito brota descarnado
no hay consuelo en tierra extranjera
solo llanto y miseria.
¿Quién podrá liberar a los oprimidos
escuchar el dolor sin nombre
detener la mano opresora
defender al inocente?
La entraña de la humanidad sangra
regando la tierra inhóspita
y en gemido exige justicia
conminando a los dioses silentes.
María Julia Ardito
TENGO LA SED DE CIEN NOCHES
Se necesita un sueño
en esta noche de sangre
Que se ofrende sola,
A la luna,
a la tierra.
A una sonrisa en el maullido nocturno,
Sin sonetos,
Ronroneos hechiceros y calmantes.
Queda la mancha,
recorriendo la silueta del recuerdo,
un hilo ténue,
tallo de trébol,
un grito de cuervo lastimero,
un corazón que se pudre
en la banqueta
y una cebolla acongojada.
Tengo la sed de cien noches
acumuladas en el cuerpo,
entre cuello y espalda,
en el sueño sigiloso
lleno de fantasmas
y susurros,
Mi fe y mi esperanza
puesta en los alcohólicos.
Tonantzin Rodriguez
TENGO LA SED DE MIL NOCHES
La sed de acontecer en lo no pensado
de acontecer en la humanidad de la palabra.
Nací en el lenguaje
en el poder que me dio el don de la palabra.
Sed de humanidad, de aquello impensado
al calor de la noche torpe, atrevida,
extendida en la historia.
Abrazar la humanidad, tener paciencia y
ser paciente con el pétalo y el tranvía,
con las hojas suaves de la menta y el ruidoso tren
de las despedidas.
Fui paciente, me entregué a la palabra,
presiento una noche de piel en cada día,
un cielo en cada beso, en cada encuentro.
En cada encuentro intento perderme,
en cada paso de tango, espejo del ayer,
la poesía invade el cuerpo de palabras.
Soy la melancolía del Cafetín de Buenos Aires,
tengo palomas en las manos como Malena,
y recorro las tardecitas de Buenos Aires,
aquellas que tienen “ese qué sé yo”
Otra noche recorro Cuba en los pasos del son,
en las poesías de Songoro Cosongo de Guillén
en cada vuelta, en cada paso estoy en Cuba,
y vivo la fuerza de las palabras de Martí
Tengo la sed de mil noches,
la sed de milenios anida en la piel del tiempo,
recorre la historia humana
en cada sujeto nacido al lenguaje.
Ana Barletta
TENGO LA SED DE CIEN NOCHES
Árida garganta mía
De no decirte amor,
De atesorar en un cofre
Parabienes, guirnaldas,
Riquísimos trofeos.
Este desierto impide mi vida vegetal.
La necesaria para abrigarte entre rosas,
Para enervarme de sus olores,
Para quitarme esta sed.
Tengo la sed de 100 noches,
Frías noches con sus días,
Frenéticas, disueltas,
Como color diluido en agua,
Plenitud sin velo,
Amplias alas de cristal.
Me acecha esta sed,
De palidecer frente a tus ojos,
De batir mis manos en el abismo de tu boca,
Sed infinita,
Colmada en tu sed,
Tu sed y mi sed se buscan,
Nacen manantiales de alivio,
Altos versos de dulzura,
Dóciles palomas entregadas al vuelo,
Ilesa luz,
Eterna en dos palabras:
Tengo sed,
¿Dejaras que me atragante en tus licores?
O ¿me dejarás en un cajón? Doblada en tres pliegues,
O qué sé yo,
Esquivo mago imposible,
En todas partes te halla mi deseo,
Entre mi te veo,
Flor a la que nadie liba el néctar cautivo en sus pétalos.
LïzRA
TENGO LA SED DE CIEN NOCHES
He caminado de día y de noche.
Tengo la sed de cien noches,
Dadme algo de beber,
he perdido el néctar de tus labios al amanecer.
Al rojo escarlata lo cubrió la nieve,
Tinta amarilla cubrió su piel.
Imágenes de tu cuerpo
Danzan en melodía de amor.
Todo se parece la espuma,
Momentos efimeros
Inatrapables
Momentos,
toda la vida, es momentos.
Aquel fue un momento
Hoy es un recuerdo
Extrano sentimiento
No estás, el calendario avanza.
Hoy es otro tiempo
Ya paso
Eso fue todo,
Ya van ocho días sin ti.
Todo el peso del dolor
se mudo a vivir
en la residencia de mi cuerpo.
Tendré que poner a prueba mi resistencia.
Después de la tormenta
se dice que llega la calma,
en mi ciudad aún no ha dejado llover
y hay una parte de la tierra
que no conoce la lluvia
Dadme algo de beber…
Arelis Juarez
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