EL ÚLTIMO REFUGIO
Dentro de un despacho
me esperaba una bata blanca y fría,
una lengua afilada,
un bisturí en guardia.
Destello helado,
desde el fondo de sus ojos,
esa llave funcionaria,
esa mirada clavada en mis pupilas.
Una resonancia abrió mi intimidad a su escrutinio,
implosionó ese ímpetu voraz de lobo
en sus palabras que mordían el aire,
cuando ella reposaba, intacta desde la infancia,
meciéndose en su nave galáctica.
Al de la bata blanca,
al siniestro coleccionista de grietas,
se le abrió un corredor de luz,
a ese jardinero de tinieblas
que bebe del temblor ajeno
para hundir sus herramientas
en las zanjas del pensamiento.
Parecía que sus cosechas en textos médicos
eran las fuentes de sus anhelos
en su ansia de explorar tendones,
nervios, arterias
que no están al alcance de sus manos,
para arrancar la perla oculta y apacible
del fondo de mi esqueleto.
Era un vigilante, deslizaba su linterna
con sus manos limpias,
hasta el corazón de la fisura.
Su lengua se volvía azúcar
al saborear su diagnóstico,
discrepante de los que tienen experiencia en resonancias.
parece que lo sabe todo desde su despacho, yo me decía.
Saborea su medalla antes de obtenerla.
Cartografía mis miedos,
antes de sacar su navaja;
sonríe cuando caigo en su trampa,
se crispa con mis resistencias,
su brillo reside donde otros sangran.
Su destino es nombrar la maldad
aunque solo haya limpieza,
heredó, sin saberlo,
el oficio de desollar con permiso
a cuantas almas encuentre en su camino.
Creyó que llegaría al centro,
a mi último refugio,
a mi punto de equilibrio.
No alcanzó esta vez su gloria,
ni quebró mi territorio.
La palabra lúcida deshizo sus embrujos,
Mi identidad despierta le cerró el paso.
Mi nombre quedó intacto.
Allí ni su sombra entra.
Marivi Ávila
EL ÚLTIMO REFUGIO
Segundo intento
La sopa se enfrió en la mesa.
Limpiando la ventana
de nuestro último refugio,
encontré al sol y a la luna.
La pelea de box fue suspendida.
“Problemas técnicos”
En tu guarida tendrás “mucha entretención”.
En la pared del vacío que dejará mi televisor
pondré un deseo, un cuadro de Van Gogh.
Arelis Juarez
EL ÚLTIMO REFUGIO
Tras el viaje a Ítaca arribamos al último refugio,
abierto de gardenias, abraza a los marineros,
cansados y vueltos al día a día de la ciudad.
Irreconocibles pero sabios,
cierran los ojos ante la ajenidad,
miran la nueva vida
lo que antes fuera familiar,
y las voces savias, sabias,
requieren valentía
en este, su hogar.
El último refugio,
lleva una hoguera, una estufa calentita,
unos brazos, aposentos y la risa alegre
de niños al jugar.
Al último refugio,
todos van a descansar,
cerca del amor y su herrumbre,
cerca de la flama que anuncia el despertar.
El último refugio es la palabra entregada,
ventana abierta y liberada,
una vista hacia el viejo mar,
marineros laureados con el beso del sol,
vitoreados, galardonados
con la chispa eterna de la vida en tierra,
y la gracia de sobrevivir tempestades
y el canto de sirenas hermosas, traicioneras.
Viajeros del barco azul,
removidos en las ruinas, lanzados a seguir
por sendas laterales, bifurcadas
paso a paso
hasta el fin del día.
¡Atrevidos a cruzar este mapa inigualable!
peregrinos del mundo,
exploradores de tesoros,
avanzamos con el alma
luz clara,
brújula del cielo.
Liz Ramirez
EL ÚLTIMO REFUGIO
Me preparo en las esperas,
una ráfaga que acomode las velas,
una contracción precisa,
una palabra caída.
Los libros abiertos
son voces que se mezclan
en la noche
con los lapiceros,
sólo la escritura es un cuchillo.
Un cuerpo por escribir
con las letras separadas,
que se renuevan
en versos oxigenados.
La realidad se relaja
cuando la leo,
los mamíferos
saben cuándo nacer,
los enemigos saben
cuándo abrazarse.
La humanidad
de desnudarme,
para que tú te reconozcas
en los refugios universales.
Cuando aprenda a leerte,
alguien me traducirá
en todos los idiomas.
Mónica Herrero
EL ÚLTIMO REFUGIO
Encontré mi último refugio
En colmillo de serpiente venenosa;
En ola gigante de Nazaré;
En cueva subterránea sumergida
A sesenta metros en el océano;
En autopista hacia mi autopsia;
En cuchillo acelerado de mi amado;
En barbacoa de tórrido verano;
En imposible escalada totalmente equipada;
En dosis letal inyectable;
En trinchera polvorienta;
En cuenta atrás de cohete
Lanzado desde Cabo Cañaveral;
En zulo de Euskadi Ta Askatasuna;
En ducha ácida de Auschwitz;
Entre tonos y semitonos
Del Lacrimosa de mi Requiem;
En vuelo desesperado;
Cuál polluelo altricial,
De adolescente angustiada;
Desdeñé remansos de aguas cristalinas,
Las dejé para otros,
Pues el traje hecho a mi medida
Tenía la etiqueta de tortura.
Henar Hidalgo
EL ÚLTIMO REFUGIO
Corta la distancia entre
tu sabiduría universal
y mis palabras siemprevivas.
Un día saltaré
y salto de pronto
por encima de tus versos
cayendo estrepitosa,
pobre criatura maravilloso,
en un punto de tu
prodigioso vivir.
Poeta creador,
que sin afán pagaste
mis deudas antes de nacer,
hay días en que te respondo
y noches en que horado,
pequeña larva zapadora,
erosión en tu superficie
abigarrada del porvenir.
Y no me dejas,
y no te conviertes,
no te vistes como Dios
y así no tengo cómo llamarte,
ni dónde agarrarme,
nada más que tu incierta
soberana grandiosidad.
Laura Maria Trat
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