SOY UN BOHEMIO

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SOY UN BOHEMIO

¡No pasarán, decían!
No nos taparán el color del silencio.
Sin embargo, la corneta de los tábanos tomó su lugar.
La sonrisa de las piedras nos cierra los ojos
y engreña los oídos.
Ellos dicen que son guitarras.

¿Dónde dejé las llaves de mi casa
cuando la vida me expulsó
de este mundo hediondo
y camino, bohemio,
sobre estas arenas movedizas?

¿Dónde posaré mis vértebras,
aún doloridas de metralla
y de recuerdos que fingen dormir?
No encuentro la facultad de derecho
ni el patio de justicia.
Voy como un perro ladrando a solas,
arisco voy, echando humo,
buscando amor entre los escombros.
Por la mañana soy mujer,
por la noche soy bohemio.

Espera, ahora escucho a mis raíces.
No sabía que las tenía
hasta que les arrancaron el corazón.
Venían de galerías antiguas
habitadas por sueños,
entre alfombras de seda
donde el agua era mineral
y el amor un duende nocturno
con odio en las manos,
la inocencia elegía el bando.

Ahora floto sobre la muerte
y sobre los muertos,
que son lo único que vemos
en este horizonte,
este padrenuestro tan nuestro.

Y desde esa línea informe
me arrojaron a una tierra que no era mía,
veo cómo arrodillan al caído,
inscrito en las páginas sagradas.

Aún así seguí andando.
Sigo vivo.

En este trayecto ya no me importará equivocarme:
estoy en el recuento de la arena del camino.
La reclamaré algún día.
Ahora la piso, la hago mía,
dejo semillas entre las malvas,
voy cantando para que florezca el viento
y me despierte con una caricia
en esta garganta del mundo,
en esta angostura.
¡Qué viento tan bohemio!
Sabe que al otro lado del planeta
hay una reverberación de este eco,
aunque sea apenas una tenue señal
de que sigo vivo,
de que sigo,
y sigo,
Vivo.

Mariví Ávila


SOY UN BOHEMIO

Para Vioeta, mi madre

Sin ti quedan vacías las esquinas,
prendida, te llevo prendida
a dolores viejos.

Madrugada de esquinas,
bohemia en los pasos por calles
perdidas de arboles ciertos.

Soy un bohemio,
pinceladas de rojo y violeta,
cuando en lunas lloronas y furiosas
un alelí en tu ventana
perfumaba tus lágrimas.

Soy un bohemio porque a veces,
solo a veces, te extraño, solo a veces,
en un lienzo blanco te pinto,
tus uñas rojas
y esas manos de pan.

El jardín de la casa
que esperaba todos los días al colibrí,
absorta lo observabas, absorta,
sin siquiera pestañar, por miedo a romper el hechizo.

Soy un bohemio
pinto en el lienzo la furia de mi amor,
tu locura de témpano,
tus rojos de beso y margarita.

Ana Barletta


SOY UN BOHEMIO

Las luces como estrellas que titilan, rodeaban de manera simétrica el espejo de su camerino previo a su presentación.

Mesurado para afeitarse, luciendo como un hombre masculino. Anteojos semi-oscuros
protegían sus ojos ante la emoción.

Había soñado de pequeño ser un artista, su madre lo era, por serlo, lo tuvo que entregar a un internado donde sería educado por lo social. Adiestraron sus manos para tocar la guitarra, el piano también, el arte de las letras y los números también.

A su madre le tocaba mirarla de lejos, en un televisor, en el noticiero, en las voces de los
demás que tarareaban aquellas canciones que ella inmortalizaba.

La vida lo pondría ante un desafío, una puesta en escena, no para mostrar los dotes de sus
manos sino la fuerza de su voz. Por qué mi voz?
Llevado por su deseo, estaba en ese lugar, junto a su gran amigo, con el que habían iniciado amistad y camaradería desde aquel primer día en el internado, cada uno, lejos de su hogar.

De pie en el escenario, se podía adivinar el temblor de cuerpo que invadía su ser.
Cantar, ¿por qué no tocar el piano? ¿Por qué no, tocar la guitarra? ¿Por qué cantar?

Debía hacerlo, necesitaba hacerlo.
Decir en un lenguaje distinto, como lo tienen las flores, como lo tienen las aves, cuando nos traen sus albricias al corazón al llegar la mañana. Decir cantando, lo alegre que es estar vivo, decir cantando lo bueno que es tener un gran amigo.
************************************************************************
I intento.

Yo pude haber hecho muchas cosas sin ti,
me fue imposible.
Preferí estar atada a tu cuerpo verde.
el rocío revivifica a las plantas que duermen.

II intento.

Oh, tu no sabes cuanta falta me haces.
Tengo que reconciliarme contigo, Jueves.

III intento.

Hoy salí a caminar nuevamente
La casa con nomenclatura quince

Me ve de lejos, mustia,
dicen que hay un nuevo dueño en el vecindario
me piensan subastar.
Ingratos!
No tarda en llegar un valuador.
Que va a saber de valor?.

Areils Juarez


SOY UN BOHEMIO

Contrabando entre los agujeros de la memoria
asomados en el balcón de sus ojos,
los hijos atisban impresiones
ahogadas con la voz en los nudillos.

Muerdo todos los anzuelos,
huelo la piel del toro
en la pared de las casas señoriales,
presa de mis callejones.

Con la vida en una botella,
te espero a sorbos de menta,
tocando hadas verdes en barras
de sabor metálico.

Abstinencia seca
en delirios sobrios,
ideas estériles,
rigurosa existencia
sin fisuras.

Vacío inmortal
secuestrando ambiciones,
se arrastra dejando las escamas
de los días pegadas en la arena.

¿Dónde estoy cuando te alejas?
El silencio retumba en las costillas
de un cuerpo en playas de abril,
esperando el paso de una palabra.

Tallos de amores perdidos
nacen en los campos de heliotropos
cosidos a flores urbanas,
en vitrinas perfumadas.

Frases edulcoradas con barnices
de asombros inventados,
se van por las ramas
de desconocidos jardines.

Soy un bohemio,
guardo los colores de la primavera
en estuches otoñales,
para pintar ocasiones veraniegas.

Mónica Herreo


SOY UN BOHEMIO

Voluptuosas fumarolas de arabescos movimientos,
Taciturno en la penumbra
Acanalado el pecho de licores,
Ecos musicales, estruendos lejanos.

En la memoria, el cuello blanco de una bella señorita,
Las flores de azar y su sustancia,
La lejana paz, la vida falsificada,
Moneda fraudulenta de una vida que se apaga,
Ni el sol, ni la lluvia,
Ni este mar de dudas,
Nada.

Soy un bohemio,
Por derecho propio,
Por esclavitud a esta broma,
A esta amargura de mi pecho.

El poema que me ha salvado vive
Como hiedra en el desierto
Como ventisca de arena tibia en mi rostro,
Como mujer bohemia,
Tierna compañía de mis noches sin sueños,
Una más, una cada noche, sin nombre y apellido,
Sin rostro, sin voz.

Bohemia – refugio
De esta guerra sin paz,
De esta densidad que no se ahoga,
De esta flor marchita que se me ha hecho la vida.

LïzRA


SOY UN BOHEMIO

Todos los días lo veo pasar,
sus pasos son lentos,
camina por la ciudad dejando atrás
sus viejas heridas.
Te regala poemas por un euro en la gran vía.
Si escuchas los versos que te dedica, todo aquello que de ti escribe te roba un suspiro.
Él es la sombra del viento que pasa sin prisa.
Su pluma no cesa… y se le acaba el día y otro día y otro día… y a otra gente con su luz ilumina.
Una tarde, sus palabras arrullaron mi pensamiento.
Entonces, le pregunté su nombre.
Me dijo:
Soy un bohemio, mi mejor amigo es el error constante, la palabra me cura cada vez que tropiezo en el encanto de los versos.
Vivo aquí y allá… y a partir de este momento viviré también en tu corazón.

Dolores Granados


SOY UN BOHEMIO

I-
Tengo sed.

No de tu recuerdo
-de su herida-

Mendigo.

Empujado
por el deseo
sin nombre.

Escudriño estrellas.

Acuno lunas.

Celebro soles.

Te busco.

Mi voz
abierta
se vuelve
pregunta.

Pero es la sed
quien me escribe.

II-
Bohemio de la sed.

Escribo lo inevitable
desde un vacío
que insiste.

Agónica tensión:
deseo
-ausencia-

Atraviesa mi cuerpo
la plegaria.

Eróticas palabras
acarician lo indecible,

desnudan
la injusticia.

La melancolía
es mi tono.

Abrazo el exilio.

Descanso en la sombra.

Respiro el abismo.

Me inclino
al misterio.

Maria Julia Ardito


SOY UN BOHEMIO

En la orilla me siento y sostengo mi caña,
ante mí, con brillo de plata,
pez y peza.
La red,
este oro líquido,
la desgarran con sus aletas dentadas
como si no supieran,
como si no debieran
alcanzar el mar azul
que, lleno de anhelo,
gotea de mis labios de poeta.

A sus pies rozan virginales los sauces
la piel amena del agua,
y yo, ¡ay!, joven en la mejor edad,
sostengo la caña y contengo el aliento
para no ahuyentar
este obrar divino.
Se levanta un viento
que me empuja a casa,
a casa, donde el tierno canto de aves me llama,
a casa, a la orilla, junto a pez y peza,
que despreocupados trazan círculo tras círculo.

Con el estómago vacío contemplo el mundo
y veo un órgano monstruoso.
Glóbulo de sangre de una bestia planetaria,
me dejo llevar,
para sostener a mi hospedador,
ofrezco a luna y estrellas mi caña como un saludo
y sigo el lejano murmullo de la noche.
Risa, danza, música,
el aroma de guiso caliente me alcanza.
Amigos míos, a la fiesta traigo este canto,
dadme vino y dadme pan,
hermanos habremos de llamarnos
y al instante jurarnos
no separarse jamás.

Laura Maria Trat


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