
Nació en la ciudad de Yoro el 18 de abril de 1930. Estudió artes visuales en Estados Unidos. Regentó la dirección de varias revistas literarias y fue colaborador de muchas publicaciones periodísticas latinoamericanas. También llevó la dirección de centros de exposición de arte, e impartió durante un tiempo clases de literatura en Estados Unidos.
Dentro de su obra literaria, citaremos: Muros (1966), Mar interior (1967), Los pobres (1968), Un mundo para todos dividido (1971), Hasta el sol de hoy (1987), Máscara suelta (1994) y El llanto de las cosas (1995).
Su actividad literaria tuvo reconocimiento internacional, siendo traducidas sus obras al francés, inglés, alemán, ruso, chino y japonés. Igualmente, su poesía le hizo merecedor de premios y galardones diversos, como: Premio Juan Ramón Molina (1967); Premio Adonáis (1968) por su libro Los pobres; Premio Casa de las Américas (1971) por Un mundo para todos dividido; Premio Ramón Rosa (1972); Premio Ramón Amaya Amador (1975).
Hallándose en Tegucigalpa, un ataque cardiaco puso fin a su vida el 23 de mayo de 2011.
POEMAS
AIRE-FUEGO-AGUA-TIERRA
Alguien extiende la asfixia.
Alguien planea
las descomunales mordeduras
que dejan los incendios.
Alguien gobierna el sumergido mecanismo del ahogo
y las refinadas aproximaciones de las calaveras,
y esa visión subterránea del hombre, nos deja un hilillo gris
en la comisura izquierda de los labios.
Alguien grita (en nombre de millones de seres humanos)
soterrado
hasta resquebrajar
el espesor de las lluviosas paredes crepusculares,
y nadie lo oye.
De: Un mundo para todos dividido
DE NIÑO A HOMBRE
Es fácil dejar a un niño
a merced de los pájaros.
Mirarle sin asombro
los ojos de luces indefensas.
Dejarle dando voces entre una multitud.
No entender el idioma
claro de su media lengua.
O decirle a alguien:
es suyo para siempre.
Es fácil,
facilísimo.
Lo difícil
es darle dimensión
de un hombre verdadero.
De: Los pobres
DEL ODIO
A Inés Consuelo Murillo
Flotaba como una ola encrespándose
la hermosísima mata de pelo
a cada impacto.
Intensos y pálidos
y creyendo como creen los idiotas del odio
que puede hacerse añicos la belleza, la hicieron
picadillo.
Se equivocaron, claro, en el menor desvío
de su línea recta
Porque
fusil en mano ha vuelto la muchacha guerrillera:
Mírenla.
De: Arte Poética

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