EL SUSURRO DEL PENDULO

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EL SUSURRO DEL PÉNDULO

El ritmo se ha vuelto lento,
como si una criatura mordiente
hubiera posado sus nalgas en mi cuerpo.
No acuden las imágenes
que, como criaturas reptantes,
deslizaban palabras en la página.
La roca quisiera volver a su trono.

El cadáver de mi alegría
oscila como metal frío.
Pesa como el ajuar de un convaleciente
tras parir su primer libro de poemas,
Estrofas sin digerir, enigmáticas,
en un orden sin tiempo.
Nadie en la sala se atreve a tocarlas,
y un silencio que aún me tiembla.

Un péndulo indeciso me gobierna
perdido entre el avance y el retroceso,
y yo, en medio, escuchando ese susurro
sin entender aún qué parte de mí despierta.

Noto un borde donde todo se detiene:
el vaivén se ha reducido a un hilo en la sombra.
Permanezco quieta ante este caos invertido,
como si el cuerpo supiera algo
que la mente aún no encuentra,
quizá una memoria antigua,
un frágil cristal a punto de romperse.

Quizá sea yo misma ese borde
que se haya roto en fragmentos.
Están todos ahí, dispersos,
mirándome desde el suelo,
esperando que el péndulo decida
cuál recupera antes,
como si guardaran un orden oculto,
algo que todavía no entiendo,
y vuelva a dar forma a la historia
que estábamos escribiendo.
¿Quién de mí se alzará?,
¿Quién volverá primero?

Mariví Ávila


EL SUSURRO DEL PÉNDULO

Me susurra con su vaivén
como un vientecito
Apenas perceptible…
El tiempo, el tiempo.

Y ya sé que nada es para siempre.
Que lenta es la agonía
de un amor que se nos muere.
Como la arena entre los dedos,
te me haces escurridiza.
Y yo que quisiera atraparte,
Aferrarme a tu cintura
Y no quedar huérfana de ti.

La hora se acerca.
Veo un candil apagarse
cuando veo tus ojos.
No te duermas, madre, no te duermas.

No ves que se acerca la primavera
Que los rosales están a punto de florecer?
Es que te cansaste
Es que los vientos rompieron algunas de tus velas importantes.

Ah! Hay heridas que no curan, Madre.
Y El tiempo, El tiempo
Reclama esa fractura.

Perderte
Es también comprenderte.
Comprender algo del amor.
No sé sí te amé lo suficiente.

Sólo sé que al perderte
Empiezo a amarte
Cada día más.

No sé sí al perderte
me enseñas a aceptar
Mi carencia de eternidad,
Y entonces, mi vida está por comenzar.

Arelis Juarez


EL SUSURRO DEL PÉNDULO

Se agolpan las imágenes, sonidos y herencias
Noble como su dueño reposa en la pared
En casa de sabios reguladores del tiempo

Péndulo dorado resguardado por el cristal
Elegante se desliza
No se impone
pero no se calla

Como latido empecinado
Nos recuerda la brevedad del destino
en nuestras manos

Su cosquilla en los oídos arrulla sueños
Tensa emociones
Acelera el pecho

Susurro implacable del paso del tiempo
Sonríe a nuestra soberbia
Fantasía de control
Ilusión de eternidad
Marca el ritmo de la vida
Que fluye implacable

Acompaña al corazón
a la angustia larga del desvelo
y escolta duelos
marcando el instante que ya pasó

El compás de la vida se da entre
Repeticiones
Y tiempo a estrenar

Solo el instante
Como novedad
Abre un espacio para crear:

Leve y breve momento
De indecible felicidad.

Maria Julia Ardito


EL SUSURRO DEL PÉNDULO

La pluma oscila en el papel,
cuando esté escrita mi epidermis
en las regiones del norte,
tu nacimiento helará los trópicos.

Silencio que se aleja
por un callejón,
los gritos se acumulan
en las esquinas del adiós.

Sentada en el aire,
el aquí y el ahora,
se derraman entre los dedos.

Cuando el futuro se hace presente
desaparecemos con las cenizas
de una estrella.

Cambio de dirección.

Los péndulos que inclinan
las alturas siderales
en las balanzas de los ojos vendados,
me encontrarán en el vértigo
de las promesas del viento.

El delirio de las aves
me susurra en los acúfenos
de sueños crepitantes,
que no volverás.

Los ebrios de corazón
me invitan a certezas
en tabernas temerosas
de las bofetadas del amanecer.
Sentados en los áticos,
con las horas tendidas al sol,
pellizco la inteligencia
con palabras atómicas,
palabras gaseosas,
palabras suculentas,
pegadas al paladar.

Instantes de una vida
hecha con las despedidas.

Mónica Herrero


EL SUSURRO DEL PÉNDULO

Escuché un barrer de hojas secas,
el péndulo marcaba las horas con fragor de océano.
Al murmullo del péndulo,
construir sin miedo,
como en un tren donde laten los paisajes,
las despedidas y los encuentros.

Al susurro del péndulo los días cobran sentido,
sus colores, sabores y locura,
se tornan de fiesta.
Querido péndulo,tienes para mí una cálida rosa
y una muerte que acompaña
Tienes para mí ,savia ajena de tristezas, de esperpentos lúcidos,
tienes para mí,
simiente se sangre futura.

Río de amapolas,¿Estoy aquí?¿ Seguro que estoy?
¿eres tú o soy yo?
En este galimatías sin desenlace,
crecen los poemas, los hijos
y germinan las pequeñas semillas que irradian
mi caminante y tu camino.

Ana Barletta


EL SUSURRO DEL PÉNDULO

¿Qué susurra el péndulo entre espacio y espacio?
La brevedad sin diferencia entre un segundo y una vida.

El péndulo de Newton distribuye el golpe,
Corriente eléctrica entre los cuerpos,
Hace sonar las horas.

En su quietud mueve a la tierra,
Abre el aire sin herirlo,
Hipnotiza las imaginaciones,
Dirige los equilibrios
Abre la música a las manos.

Susurra ritmos y vaivenes,
Como caderas cadenciosas
Ondulando en las aguas del Leteo,
El río disuelve sueños
Morfa olvidos en partículas liquidas, delicadas
Dibuja tranquilidades
En ciudades gigantescas,
Sin rostros, ni alientos,
Envueltas en gases somníferos,
Seductores de sombras negras, cautivas,
En la historia de los mundos,
Destruidos y vueltos a nacer.

El susurro del péndulo
Abre grietas al solido silencio
En su ir y venir recuerda la esperanza
Su devenir continuo,
El punto fijo donde nace y muere
Donde produce el calor que él mismo sofoca.

Helada frente a él lo observo y pienso
¿Qué me dirá?
Escucho su voz entonada diciendo:
Eterna fugitiva
Detente en pasos y mira: que ya vienen
Las animas que visitarán tu altar.

LïzRA


EL SUSURRO DEL PÉNDULO

Quiero hacer un gran poema,
Pero apenas tengo tiempo,
Nunca nadie consiguió
Hacer algo bueno
Con tan poco rendimiento.
Me pasan los minutos
Me sobrepasan los segundos,
No poseo más tiempo.
El minutero se me clava
Entre la muela y el diente
Cada vez más profundo
Cada vez más adentro,
Entre el resquicio de mi premura
Entre la angustia del fugaz momento.
No es que no haya palabras,
Se apresuran en mi boca,
Pero todo arremolinadas,
Sin concierto y sin orden,
Y me estoy volviendo loca.
Quiero ser clara y concisa
En lo que voy a decir,
Y si tuviera más tiempo
Sin duda sería así.
Pero este péndulo loco
Me echa fuera del camino;
Su sonido me enajena,
Si pudiera luchar contra él
De seguro que lo haría,
Pero es una tontería
De alguien que no tiene
Bien puesta la almena.

Henar Hidalgo


EL SUSURRO DEL PÉNDULO

Entre verde y pinos,
plataneras cargadas, pesadas,
como ropa tendida al sol,
suavemente mecida por el viento,
encuentros en la selva,
junto al aire colmado de sal,
llegaste a mí, llevado por la brisa.

Como un pantera,
que en silencio por la maleza,
en la mirada ancestral se desliza,
el tiempo te deposita ante mí,
te arroja a mi orilla querida,
huellas en la arena
que nuestros pies dibujan,
susurran como el murmullo de las olas
que todos los días hacen espumar mis sueños.

Laura Maria Trat


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