
José Zorrilla y Moral
(1817-1893)
Fue un dramaturgo y poeta español, famoso por el drama romántico Don Juan Tenorio. En su trabajo literario se enfocó en desarrollar los tres géneros de la poesía, como lo fueron la épica, lírica y la dramática.
En el primero destacaron las de carácter religioso, como La Virgen al pie de la cruz y La ira de Dios, a estas se suman A una mujer, La meditación y Toledo.
Del mismo modo, la obra épica la conformaron la ya descrita Los cantos del trovador, además de Granada (1852), y la Leyenda del Cid (1882). La mayoría de sus obras, tuvieron un carácter histórico.
Dentro del género de la leyenda destacaron A la memoria de Larra, una especie de homenaje a uno de los máximos representantes del romanticismo español y que le mereció el reconocimiento de muchos allegados del poeta. Del mismo modo estuvieron La azucena silvestre y La Pasionaria.
En el caso de los poemas dramáticos se pueden mencionar: El zapatero y el rey, que lo escribió entre 1839 y 1842.
También está Sancho García, de 1842, La Calentura (1847) y Cuentos de un Loco, de 1853. Este último está conformado por tres extensos capítulos.
En 1846 viajó a Burdeos y París, donde conoció a Alejandro Dumas, George Sand, Teófilo Gautier y Alfred de Musset, que dejarían en él una gran huella. En 1865 marchó a México, donde fue protegido por el emperador Maximiliano I, que lo nombró director del Teatro Nacional.
De regreso a España (1866), José Zorrilla se casó con la actriz Juana Pacheco, viajó a Roma (1871) e ingresó en la Real Academia (1882). De estos años son Recuerdos del tiempo viejo (1880-1883), La leyenda del Cid (1882), El cantar del romero (1883) y Mi última brega (1888). Fue coronado como poeta en el alcázar de Granada (1889) por el duque de Rivas, en representación de la reina regente.
POEMAS
GLORIA Y ORGULLO
¡Lejos de mí, placeres de la tierra,
Fábulas sin color, sombra, ni nombre,
A quien un nicho miserable encierra
Cuando el aura vital falta en el hombre!
¿Qué es el placer, la vida y la fortuna,
Sin un sueño de gloria y de esperanza?
Una carrera larga e importuna,
Más fatigosa cuanto más se avanza.
Regalo de indolentes sibaritas,
Que velas el harén de las mujeres,
Opio letal que el sueño facilitas
Al ebrio de raquíticos placeres.
Lejos de mí. No basta a mi reposo
El rumor de una fuente que Murmura,
La sombra de un moral verde y pomposo,
Ni de un castillo la quietud segura.
No basta a mi placer la inmensa copa
Del báquico festín, libre y sonoro,
De esclavos viles la menguada tropa,
Sin las llaves de espléndido tesoro.
De un Dios hechura, como Dios concibo;
Tengo aliento de estirpe soberana:
Por llegar a gigante, enano vivo:
No sé ser hoy y perecer mañana.
Yo no acierto a decir «la vida es bella»,
Y descender estúpido al olvido;
Amo la vida porque sé por ella
Al alcázar trepar donde he nacido.
De esa inmensa pasión que llaman gloria
Brota en mi corazón ardiente llama,
Luz de mi ser me abrasa la memoria,
Voz de mi ser inextinguible clama.
Gloria, ilusión magnífica y suprema,
Ambición de los grandes en quien quiso
Velar Dios esa mística diadema
Que nos dará derecho al Paraíso,
Nada es sin ti la despreciable vida,
Nada hay sin ti ni dulce ni halagüeño;
Sólo en aquesta soledad perdida
La sombra del laurel concilia el sueño.
Sólo al murmullo de la excelsa palma
Que el noble orgullo con su aliento agita,
En blando insomnio se adormece el alma,
Y en su mismo dormir crea y medita.
Zeusis, Apeles, Píndaro y Homero,
Bajo ese verde pabellón soñaron;
César, Napoleón y Atila fiero,
Bajo ese pabellón se despertaron.
Por ti el delirio del honor se adora,
Por ti el hinchado mar hiende el marino,
Por ti en su gruta el penitente llora,
Y empuña su bordón el peregrino.
Por ti el soldado se vendió a sus reyes,
Y lidia agora con porfía insana,
No por esas que ignora pobres leyes,
Por comprar una lágrima mañana.
Por ti le canta el orgulloso amante
Dulces trovas de amor a una querida
Porque tal vez un venturoso instante
Tenga en su canto prolongada vida,
Por ti del negro túmulo en la piedra
Ambicioso el mortal graba su nombre,
Porque tal vez entre la tosca hiedra
Otro día al pasar le lea un hombre.
Por ti acaso el cansado centinela
Que incendió una ciudad en la batalla,
Su cifra indiferente o mientras vela,
Pinta con un tizón en la muralla.
El polvo en que hubo sus cabañas Roma,
Por ti con templos y palacios pisa;
Por ti su gesto satisfecho asoma
Tras su inmenso sarcófago Artemisa.
Por ti vencida se incendió a Corinto,
Por ti la sangre en Maratón se orea,
Por ti una noche con aliento extinto,
Tumba Leonidas demandó a Platea.
Por ti trofeos el cincel aborta,
Y álzanse torres con tenaz porfía;
Porque es la vida deleznable y corta,
Y todos quieren prolongarla un día.
Por eso velo con la noche obscura
Sobre un volumen carcomido y roto,
Y un mañana me sueño de ventura,
Y otra existencia en porvenir remoto.
Por eso en mis estériles canciones
El blando son del agua me adormece,
Y entre pardos y errantes nubarrones,
De la noche el fanal se desvanece.
Oigo en mi canto el lánguido murmullo
Del aura que los árboles menea,
De la tórtola triste el ronco arrullo,
Y la sonora lluvia que gotea.
Veo las sacrosantas catedrales,
Los antiguos y góticos castillos,
Y el granizo se estrella en sus cristales,
O azota sus escombros amarillos.
¡Oh! Si sentís esa ilusión tranquila,
Si creéis que en mis cánticos murmura
Ya el aura que en los árboles vacila,
Ya el mar que ruge en la tormenta obscura;
Si al son gozáis de mi canción, que miente
Ya el bronco empuje del errante trueno,
Ya el blando ruido de la mansa fuente
Lamiendo el césped que la cerca ameno;
Si cuando llamo a las cerradas rejas
De una hermosura, a cuyos pies suspiro,
Sentís tal vez mis amorosas quejas,
Y os sonreís cuando de amor deliro;
Si cuando en negra aparición nocturna
La raza evoco que en las tumbas mora,
Os estremece en la entreabierta urna
Respondiendo el espíritu a deshora;
Si lloráis cuando en cántico doliente,
Hijo extraviado, ante mi madre lloro,
O al cruzar por el templo reverente,
La voz escucho del solemne coro;
Si alcanzáis en mi pálida mejilla,
Cuando os entono lastimosa endecha,
Una perdida lágrima que brilla
Al brotar en mis parpados deshecha;
Todo es una ilusión, todo mentira,
Todo en mi mente delirante pasa,
No es esa la verdad que honda me inspira;
Que esa lágrima ardiente que me abrasa,
No me la arranca ni el temor ni el duelo,
No los recuerdos de olvidada historia:
¡Es un raudal que inunda de consuelo
Este sediento corazón de gloria!
¡Gloria! Madre feliz de la esperanza,
Mágica alcázar de dorados sueños,
Lago que ondula en eternal bonanza
Cercado de paisajes halagüeños,
¡Dame ilusiones! Dame una armonía
Que arrulle el corazón con el oído,
Para que viva la memoria mía
Cuando yo duerma en eternal olvido.
¡Lejos de mí, deleites de la tierra,
Fábulas sin color, forma, ni nombre,
A quién un nicho miserable encierra
Cuando el aura vital falta en el hombre!
¡Gloria, esperanza, sin cesar conmigo
Templo en mi corazón alzaros quiero,
Que no importa vivir como el mendigo
Por morir como Píndaro y Homero!
A UNA MUJER
Ayer el alba amarilla,
Al anunciar la mañana,
Pintaba de tu ventana
El transparente cristal;
Ayer la flotante brisa
Daba a la atmósfera olores,
Meciendo las gayas flores
Sobre el tallo desigual.
Ayer, al rumor tranquilo
De la corriente vecina,
En la orilla cristalina
Se bañaba el ruiseñor;
Y pájaros, flores, fuentes,
Saludando al nuevo día,
Le prestaban armonía
En cambio de su color.
Ayer era el sol brillante,
El cielo azul y sereno,
El jardín fresco y ameno,
Y delicioso el vivir;
Eras tú niña y hermosa,
Sin rubor sobre la frente,
Tu velar era inocente,
Inocente tu dormir.
Tú reías y cantabas,
Niña o ángel en el suelo,
Y tus risas en el cielo
Eran guirnaldas tal vez:
Estrellas eran tus ojos,
Cántico vago tu acento,
Blando perfume tu aliento,
Luz de la aurora tu tez.
Entonces, niña, en tu mente
No resonaban las horas,
Ni apenaban seductoras
Fantasmas al corazón;
No te pintaba tu sueño
Entre la sombra callada
Un suspiro, una mirada
En voluptuosa ilusión.
Para ti no había tiempo,
Todo era paz, todo flores,
No había infierno de amores,
Ni fastidio del placer;
Un poeta te cantaba
Melancólicos cantares,
Y la voz de sus pesares
No comprendías ayer.
¡Pobre niña! ¿Qué se han hecho
Los delirios de tu infancia?
¿Qué has hecho de tu fragancia,
Marchita olvidada flor?
Tus hojas yacen quemadas,
Tu cáliz vacío y seco,
Tu tallo quebrado y hueco,
El sol no te da color.
Niña de los negros ojos,
¿A qué viniste a la tierra?
Rosa nacida entre abrojos,
¿Qué esperas del mundo, di?
Una brisa corrompida,
Fétida, hedionda, te mece,
Tu aroma se desvanece…..
¿Quién demandará por ti?
Ángel mío, vuelve al cielo
Antes que el mundo te vea,
Que los placeres del suelo
Placeres malditos son.
¡Oh! Por el gozo de un día
No compres, no, tu tormento;
El cielo es sólo, ¡alma mía!,
De los ángeles mansión.
¡Hoy es tarde!…. ¡Eres mujer!
Leo en tu frente humillada
El porvenir de la nada
Entre las huellas de ayer.
Veo en tu rostro bullir
Ese torcedor secreto…..
¡Tu velar es hoy inquieto,
Es inquieto tu dormir!
Lívida está tu mejilla,
En desorden tus cabellos…..
Mujer, mal prendida en ellos
Olvidada, una flor brilla.
Anoche, en vez de oración,
Desesperada en el lecho,
Exhalaste de tu pecho
Sacrílega maldición.
Que en el cristal transparente
Contemplastes aterrada
Del negro crimen grabada
La marca infame en la frente.
Que mal sujeta a tus flores
Entre tus gasas y lazos,
Rasgando van a pedazos
Tu hermosura los dolores.
¡Ay! Inútilmente lloras
El desvanecido encanto;
Entre las ondas del llanto
No vuelven, mujer, las horas.
Dióte el mundo oro y placeres
Cumpliendo al fin tus afanes,
Ídolo de los galanes,
Envidia de las mujeres;
Y a luz salistes ufana
Con tu hermosura ¡oh mujer!
Sin acordarte de ayer,
¡Y sin pensar en mañana!
¡Ay! En la tumba concluyen
El gozar y el padecer
Del mundo vano,
Y los vicios nos destruyen
Y nos matan ¡oh mujer!
Tarde o temprano.
Y tú, caída palmera……
Porque vendiste tu amor
A precio infame,.
Has querido, vil ramera,
Que a tus puertas el dolor
Más presto llame.
……………………..
Tal vez lúbrico magnate
Te inundó por un placer
De oro y cariño,
Y mientras su rey combate,
Él te cobija, mujer,
Bajo su armiño.
Tal vez coronada frente
Descansó en tu impuro pecho,
Tu amor comprando,
Y hoy el mendigo indigente
Te negará el pobre lecho,
Tu frente hollando
Pasaron, niña, los días,
Con ellos las ilusiones
Infantiles,
Con ellos vienen impías
Las tormentas y aquilones
De tus abriles.
Con ellos llanto y dolores,
Remordimiento, amargura
Y desengaños:
Que en sus pliegues roedores,
Gala, placer y hermosura
Hunden los años.
¡Murió! La voz de la fatal campana
Apagó su memoria y en oración;
Nadie su nombre buscará mañana;
Yace su tumba en fétido rincón.
Aquel clamor fatídico y doliente
Se plegó entre las flores del jardín,
Vibró con los cristales de la fuente,
Rodó sobre los brindis del festín.
Y en oculto elegante gabinete,
Brusco y agudo penetró también,
Y se estrelló entre el humo del pebete
De alguna hermosa en la tocada sien.
Pero una sola lágrima, un gemido
Sobre sus restos a ofrecer no van,
Que es sudario de infames el olvido…
¡Bien con su nombre en su sepulcro están!
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