
QUIERO SER DEL POEMA SU HIJO
Quiero ser del poema su hijo,
Instruido en sus virtudes,
Guiado en mis pasos,
Mis hojas escuchan sus leyes,
Me cobija de palabras,
Levanta mi vuelo,
Da ímpetu a mis alas.
Su mirada fija me indica
El deber de derramar flores,
Flores blancas y de espinas
Por las rutas de los hombres.
Soberanos y egregios aman a mi padre
Poema abierto e infinito,
Constante, tierno y fuerte,
Alabado y bendito.
Negado por los infames
Desechado
Tratado de cuerpo viejo,
Viejo mío,
Limpiaré tu rostro del fango,
Sacaré tu cuerpo de la muerte,
Quiero ser de ti poema tu hijo
Abrirme el pecho,
Cantarte alabanzas,
Morirme enteramente,
Morir,
Teniendo en mi cuerpo tu labranza,
Un hogar donde inspirarnos padre mío,
Un libro de versos para honrar tu nombre,
Tu consejo cariñoso como soplo en mi oído
Se mi lámpara y mi norte.
LïzRA
QUIERO SER DEL POEMA SU HIJO
Nacer del temblor de una sílaba,
de amores que nunca fueron,
de dolores mal repartidos,
de sollozos,
de voces que golpean las ventanas.
La mañana me contesta
con cresta de agua.
Oigo un eco distante:
la dicha no está bien amada.
Colecciono cisnes en esa laguna
cuando la luna hiriente me sonríe,
tibia todavía en las noches oscuras del alma.
Sus ondas plateadas me convocan al
mar de Ofelia,
invocando una tristeza honda.
¿Por qué me lloran los sueños?
Son ilusiones huérfanas
implorando un padre guía,
un alma de poeta.
Mis manos se van acercando
al volumen perfecto
de la sílaba;
buscan, entre ecos que tiemblan de olvido,
a una niña que sueña
con las flores adormecidas en mi pecho,
anhelando un hogar
donde el duelo no exista.
Bordaremos versos bajo el cedro del Líbano,
donde dominan los monstruos de la memoria,
allí se guardaron los besos que no se dieron,
y, sin embargo, jamás pudimos detenerlos.
Desde el monte de Venus,
hasta la bolsa inmortal del nacimiento,
flotan los celos que huyeron de los libros,
cuna lumínica y bulliciosa,
preñada de palabras.
Busco allí mi placenta,
mi ombligo adherido al verso,
mi historia fetal suspendida en líquido
amniótico, galáctico,
habitado por poemas.
Mariví Ávila
QUIERO SER DEL POEMA SU HIJO
Conmoverme ante las imágenes con que muestra la vida,
las palabras con que descubre el sentido de lo que acontece.
Su voz, que acunada en el silencio murmura el gemido de lo indecible
y grita el dolor de la injusticia,
no permita que mi corazón se duerma.
Que acompañe mi mano temblorosa
para expresar el misterio que aletea en el caos.
El poema sabe de encierros, locuras y muertes;
que abra mis alas al canto
y mis pies a la tierra en danza.
Que mis ojos reflejen —así como los suyos—
las huellas de los dioses idos.
Imagino itinerar por senderos inexplorados
siguiendo su destreza de experto caminante,
mendigar verdades acariciando cada orilla,
arriesgarme a la intemperie
y hospedarme en los encuentros sorpresivos del camino.
Aprender a acariciar con mi mirada
la piel sagrada del tiempo,
tejerme en su sangre sensible y apasionada,
conminar a las voces que ahogan
y reírme de los fantasmas que acechan.
Tú, que sabes de la impotencia de la palabra ante el vacío,
enséñame a sonreír en cada intento.
Quiero nacer una y otra vez
de aquel que libre se desliza en figura,
dejando estelas de fuego.
María Julia
QUIERO SER DEL POEMA SU HIJO
Vivir en el poema, ser hija de la metáfora.
La poesía puede mutar retorcidos dolores,
barrocos dolores, en pequeñas locuras localizadas.
¿El hombro quizá? Un hombro o un hombre que vuelve con el mismo traje de siempre,
vuelve en el perfume a tabaco,
en la magia de su voz. Un hombre al que amaba y deseaba matar.
¿Un dolor de hombro puede hablar de esa ambivalencia?
¿Un pinzamiento o un pensamiento?
Somos símbolo nos avisa el poema,
tenemos un cuerpo que se nutre de metáfora,
ese dolor está transitado por muchos dolores,
la metáfora nos atraviesa.
Me duele el estómago,
no digiero bien tu presencia
en los sueños de domingo,
cuando hasta el jardín se puebla de sombras.
Veo a los hijos que crecieron,
Pasó el tiempo, el tiempo….
no quiero que te presentes
en mi casa,
en mis libros.
El dolor es un sentir el cuerpo.
El poema viene a musitar en mi oído,
le habla a la mujer.
¡Oye, el tiempo ha pasado!
Tú todavía no pases,
aún es posible…
Un tango me desliza hacia el poema
solo tengo que dejarme llevar.
Ana Barletta
QUIERO SER DEL POEMA SU HIJO
Me toma en sus brazos,
me encierra en tumulto de color,
exangüe, rosado, como atardecer reflejado
en charcos turbios de día.
¿Ha sucedido así hoy?
¿Robé lirios de manos ancianas,
de arrugadas, curtidas por el sol,
padrecitos y madrecitas,
llanuras sin sexo?
Recuerdo:
los rostros cansados marcados,
yaciendo en el mercado, apilados,
madurez quemada
en la marrón-oscura piel de naranjas.
¿Puede ser que yo tiemble?
¿Puede ser que lluvia fresca
me llene, me llene?
¿Soy espejo, soy lago,
despertar difuso?
¿Me pertenece a mi, todo este hablar,
soy tiempo hecho palabra?
¿Puede ser?
¿Puede ser?
Me embarga:
con mano de ángel, con puño abismal de roca,
hacia aquí y hacia dentro,
se extiende sobre mí,
se adelanta y eleva
lo que soy, lo que debo llegar a ser,
lo que no soy yo,
lo que es gran esencia del mundo,
profundo comienzo nocturno azul,
bullicio multicolor,
también incoloro, silencioso,
recuerdo y olvido,
un poema que quiere y que quiere,
Pasó.
Laura Trat
QUIERO SER DEL POEMA SU HIJO
La noche se desarma
Y se deshoja en madrugadas
Pétalos negros
bajo ojos vagabundos
en la Estigia cristiana
Polvo de galletas y estrellas
Caen sobre la mesa
en viernes con cuerpo de domingo
Cuando vuelan las campanas
Vagabundos van comiendo
el pan ennegrecido
de las calles y plazas.
Tonantzin Rodriguez
QUIERO SER DEL POEMA SU HIJO
Ser del poema, ser su posibilidad.
Pertenecer al poema en lenta gestación,
Surgir del mismo poema
A la vez que él se materializa en mi pincel.
Flotar entre sus líquidos,
Sin encontrar fácil acomodo;
Dar pataditas, cambiar de postura
Dentro del poema.
Necesitar salir del poema
Antes de morir asfixiado,
Temer lo que afuera me espera
Más allá del poema.
Creerme uno mismo con el poema,
Alimentarme convulsivamente de él,
Faltarme la respiración y el mundo
Si estoy en su ausencia.
Querer destruir el poema
Una y mil veces
Sabiendo que es
Mi preciado alimento.
Amar y odiar el poema
Y lo que significa;
Repudiar el poema de raíz.
Reconciliarme una y mil veces
Con mi amado poema,
Con mi posibilidad.
Antojárseme querer escribir
En chino mi poema,
En griego, en aimara.
Saber agradecer al poema,
Disfrutar de ese sencillo y frágil poema
Qué tal vez pudiera caber
En la palma abierta de un bebé.
Entender que,
Aunque nos unen lazos de consaguinidad,
Yo voy por mi vereda
Y el surca los cielos, los mares.
Sentarme en una vieja y oxidada estación
Para ver partir mi poema
Junto a una multitud de poemas;
Poemas pretéritos, poemas revisados,
Poemas releídos, poemas rubicundos,
Poemas nunca escritos…
Y con la mano gritando adiós alzada,
Saber con seguridad que
Nunca más volveré a verlo,
O que incluso si lo volviera a ver,
no podría reconocerlo.
Habría entonces perdido
Mi poema para siempre,
O tal vez habría ganado la poesía.
Henar Hidalgo Riol
QUIERO SER DEL POEMA SU HIJO
Quiero ser del poema su hijo
y arrullarme en el vaivén de las palabras.
Despertarme con el ruido del silencio,
que todo lo respira entre sus letras.
Después volver a nacer del poema
acunada bajo el sol de un verso tibio
deslizando rayos suaves convertidos en tinta,
y crecer de nuevo en una página en blanco.
Quiero ser del poema su hijo,
Para abrir los ojos entre cálidas sílabas
y jugar entre metáforas.
Cuando el poema calle,
permanecer muy quieta
para ser susurro nítido
convertido en voz serena,
luego en eco interminable.
Quiero ser del poema su hijo,
¡El brillante más valioso!
Y poder morir feliz cuando tus labios
al pronunciarme me acaricien.
Dolores Granados.
QUIERO SER DEL POEMA SU HIJO
Soy un hilo
en la multiplicidad de colores de una tejedora.
Hilvanar es el arte de tus diestras manos.
Forjarme en la cadena de los hombres futuros,
ese es mi deseo.
Latir al ritmo del poema.
Tocar el corazón del otro,
esos corazones apagados
deambulantes de mi ciudad.
Dame, poema,
la paciencia del embrión
que no sabe pero resiste
hasta el alumbramiento.
Yo quiero ser tu hijo.
Ensename a crecer
Hasta que no sea un hilo solo
Hasta ser un tejido, un tejido multicolor.
Arelis Juarez
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