GEORG TRAKL

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Esta semana conocimos al poeta austriaco Georg Trakl, uno de los iniciadores de las vanguardias y el expresionismo literario. Para conocer más sobre la vida y obra de este autor recomendamos la revista Poesia más Poesia, N° 311.

CANCIÓN DE KASPAR HAUSER

Para Bessie Loos

Amaba de verdad el sol que descendía purpureo la colina,
los caminos del bosque, el canoro pájaro negro
y la alegría de lo verde.

Serio era su morar a la sombra del árbol.
Y puro su rostro.
Dios dijo una dulce llama a su corazón:
¡Hombre!

Silente encontró su paso la ciudad en la tarde;
la oscura queja de su boca:
quiero ser un caballero.

Pero le siguieron arbusto y animal,
casa y jardín crepuscular de hombres blancos
y su asesino lo buscaba.

Primavera y verano y hermoso otono
del justo, su paso suave
por las estancias oscuras de los sonadores.

De noche se quedaba solo con su estrella;
vio que la nieve caía en desnudas ramas
y en la penumbra del portal la sombra del asesino.

Argéntea se abatió la cabeza del nunca nacido.

Del libro Sebastián en sueño.
Traducción José Luis Reina Palazón

A UN MUERTO PREMATURO

Oh, el ángel negro, que suave desde el interior del árbol surgió,
cuando éramos dulces compañeros de juego en la tarde,
al borde de la fuente azulada.
Tranquilo era nuestro paso, los ojos redondos en la parda frescura del otoño,
oh, la purpúrea dulzura de las estrellas.

Aquel sin embargo bajo los pétreos peldaños del Monte de los Monjes,
una sonrisa azulada en el rostro y en la extraña crisálida
de su más silente infancia y murió;
y atrás quedo en el jardín el argénteo rostro del amigo
escuchando en la fronda o en la vieja roca.

El alma cantó la muerte, la verde putrefacción de la carne
y era el susurro del bosque,
la queja fervorosa de las fieras.
Siempre sonaban en torres crepusculares las azules campanas de la tarde.

La hora llegó cuando aquel vió las sombras en el sol purpureo,
las sombras de la pudrición en el desnudo ramaje;
en la tarde, cuando en el muro crepuscular el mirlo cantó,
el espíritu del malogrado apareció silente en la sala.

Oh, la sangre que corre de la garganta del resonante,
flor azul; oh, las lágrimas ardientes
lloradas en la noche.

Áurea nube y tiempo. En solitaria cámara
invitas a menudo al muerto, tu huésped,
caminas en intimo coloquio bajo olmos a lo largo del verde río.

De El otoño del solitario.
Traducción José Luis Reina Palazón


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