CASA DE HUÉSPEDES
En esta casa hay acomodo para cualquier huésped que traiga justicia y compasión.
Tenemos habitaciones tanto para el que trae una bomba en la mano como el que hace negocios con los traficantes, sean de la índole que sean.
También hay habitaciones para los que lloran sus tristezas pero las de los demás les importan menos que sembrar bledos.
Tenemos habitaciones reales, con deseos democrático-imperialistas y joyas encontradas por casualidad en tierras lejanas que aún estaban sin ajetrear y cuyos habitantes no tienen moral.
En la alacena se pueden guardar los misiles de largo alcance y los discursos hipócritas, también hay hueco para las lenguas de serpiente
en conserva mineral que vagan por los desiertos y siempre encuentran oídos donde germinan sus venenos.
Tenemos otra habitación donde se puede alojar el cinismo que recibe una propina junto al dolor que paga con tarjeta de débito.
Hay otra habitación para reuniones inútiles, se puede traficar con dinero público; eso sí, utilicen sus mejores trajes y joyas, por favor, hay que dar una buena imagen y ejemplo, sobre todo, ejemplo.
Fíjense bien en las normas de la colectividad: No dejen lágrimas ni lamentaciones en las paredes ni en los muros de la casa, pues las humedades son contagiosas y producen nubes borrascosas.
Prohibido mirar al techo, tiene goteras, pues de vez en cuando calan las utopías y no todos pueden tolerar su impacto.
Cada huésped deje al marchar algo de propina en el cepillo limosnero, con ello haremos que el niño Chus siga con nosotros todos los días haciendo grande el porche del arsenal bélico de su país natal.
Gracias por sus aportes económicos, nunca nos atreveríamos a hablar de aportes de otro tipo y menos de los que no cotizan en bolsa, con ello seremos una gran casa de labor sin igual para la humanidad.
Mariví Ávila
CASA DE HUÉSPEDES
I-
El sol se recuesta en tu falda
en espera silenciosa
Preparas tu cuerpo abrigador de relatos
que acuden a la cita expectantes.
Hospedas, sigilosa, secretos de otros mundos:
personajes monstruosos,
fantasmas tiernos,
locuras regias
circulan libres por cada rincón escondido
Confabulan tramas, actúan tragedias,
se recuestan
libres juegan, desatan amarras
destapan sepulcros, aletean sueños,
despiden nostalgias,
transgreden mandatos,
desnudan sus cuerpos y corren ligeros.
Esconden vergüenzas, tiemblan de furia,
multiplican actores, amenazan muerte.
Soportas el juego arriesgado
y al acróbata en el límite.
Tus probados espacios
esconden misterios, emanan encantos,
provocan ensueños
desentrañan violencias y terrores sin nombre
Y atesoran tiempos de redención
Misteriosa casa de huéspedes
Privilegio precario de viandantes heridos:
desterrados, migrantes
condenados, peregrinos
II-
Casa de huéspedes es tu vejez
puertas abiertas tu dependencia sutil
espacio de siglos desnudando pliegues,
sabores y olores recreando infancia
En tu mesa saboreamos vida,
hilvanamos duelos
Acontece el día y abraza la noche
-sutil tránsito hacia la muerte-
Cuerpo desgarrado, suturado y recompuesto,
melancolía cantas,
acunas recuerdos,
susurras encantos
alimentas sueños.
III-
¡Qué noche la de anoche!
Uno de los cuartos abrió su puerta
y los fantasmas habitaron la casa.
¿Dónde encontrar refugio
ante violenta invasión?
Ni cerrojo ni condena los detienen
Atraviesan añejos muros,
Tienen prisa ahogan el pensar.
Tus ojos negros suplican rescate.
Somnolienta me escurro entre las grietas;
los conmino con memorias.
Las palabras se descuelgan
No hay luz
ni voz que oriente.
El olor es nauseabundo
y el escalofrío escuece.
No encuentro el espacio de refugio,
baluarte salvador de desgracias.
Solo el tibio aire de tu boca me acaricia,
levemente alumbrando calma.
Maria Julia Ardito
CASA DE HUÉSPEDES
Alquilo habitación abundante
llena de luz.
Mis tres hermanas, las horas,
la cuidan,
se acuestan al caer el día
y buscan compañía
de un humano fuerte y libre
que sabe escuchar.
Eunomía
es la más profunda
con su mirada de hierro.
No hay que engañarla
y caer enfermo
para perderla de vista,
mejor reconocerla
porque curará la herida
del delirante.
Dike
cerrará después tus ojos
para que veas con el corazón.
Los viajes que ya hiciste,
las escusas que se amontonan
en tu pequeño círculo cerrado
son palabras olvidadas
cuando Dike, mi hermana,
se pone a cantar.
No temas el ritmo, no busques la forma,
escucha y siente
lo que te ha de decir.
Alquilo habitación abundante
llena de ley y de harmonía
para un humano fuerte y dispuesto
a vivir con poca pena.
La última, Eirene,
es la más ansiosa por vivir.
Tomada de su mano
los secretos se recuerdan
se abre al cielo el techo inventado
y ya solo habrá un temor:
el que la propia piel mundana
es más que una membrana
que no se puede desvestir.
Alquilo habitación abundante
llena de orden, justicia y paz
porque mis hermanas, las horas,
anoche me dijeron
que conmigo
ya no podían estar más.
Laura Maria Trat
CASA DE HUÉSPEDES
Deseo y espíritu parecen incompatibles y es así porqué hay algo de violento en el deseo que desequilibra la tranquilidad del espíritu. Ambos son huéspedes de la misma casa, deambulan por sus pasillos, acampan en sus rincones, reciben el día por la misma ventana, pero a veces parecen contrarios, están enfrentados como un contraste de color que muestra la otra cara, el lado b, el lado oscuro de la luna. Nadie sabe por qué rivalizan pero cuenta la leyenda que un día de abril deseo y espíritu decidieron unirse uno obnubilado por otro, envueltos en un encanto, el hechizo les hizo perderse uno en otro, confundirse, mezclarse como dos líquidos que se diluyen creando otra sustancia, una sustancia nueva y autentica, sin igual.
La nueva sustancia comenzó su camino, deseo y espíritu celosos del ímpetu de su creación le distraían. Cuando sustancia gozaba con alguna cosa llegaba alguno de los otros para recordarle algún pendiente, para corregirle, para platicar, entonces sustancia se atontaba, dejaba inconcluso todo, se alejaba de su tarea, incumplía, lo echaba todo a perder, hasta que llegó el día en que nadie más se interesó en hacerla su compañera. Deseo y espíritu disfrutaron mucho viéndola sufrir, y le reafirmaban cada que podían su supuesta incapacidad.
Era una danza macabra, cada vez más, sustancia fue creyéndose inútil, intrascendente, poco inteligente, boba, ya no intentaba nada, ya no aspiraba a nada, ahora cada vez que encontraba un algo que le interesaba lo desechaba de inmediato antes de que hiciera nido en ella, fue perdiéndose poco a poco como un barco a la deriva, mientras sus creadores que nunca entendieron que dañándola se dañaban a sí mismos, la miraban por la ventana diciendo – ¡pero que re tonta que es! ¡Mírala! ¡Cuánta tontería, que tonta!—sustancia tampoco entendía lo que le pasaba, solo sabía que cada vez que se sentía contenta o le gustaba algo una sombra caía sobre ella, era como una nube que llovía todo el rato, con relámpagos y todo, vivía en una verdadera tormenta.
Emilio no sabe qué le pasa, no logra entender por qué desde hace meses se siente habitado por alguien a quien no conoce, es como un huésped incomodo dentro de su casa, un okupa que ha venido a invadirle y se arraiga cada día más dejándole sin aliento, no está muy seguro, pero tal parece que este inquilino se ha extendido como una sustancia negruzca en su interior paralizándole, no entiende, solo percibe un desanimo desalentador que poco a poco le ha ido apartando de las cosas que antes le gustaban, de sus amigos, de la música, de los juegos.
Emilio camina siempre cabizbajo, sonríe poco, habla poco, últimamente no va a la escuela, prefiere quedarse acostado envuelto en las frazadas como si fuera un capullo, se queda ahí inmóvil por horas hasta que Fredy su perrito salchicha va en su búsqueda, lo zarandea por la remera y lo levanta. Cuando sale de su cuarto la casa esta vacía, sus padres y hermana han salido a realizar sus actividades, su madre le ha dejado cereal con leche en la mesa del comedor y una nota que le recuerda llevar la ropa a la lavandería al regresar del colegio, Emilio lee, y con la mano izquierda hace bolita el recado, lo tira por ahí en una esquina de la que sale un quejido como si hubiese golpeado a alguien, Emilio reacciona, sorprendido y temeroso el niño se acerca y no ve nada, sería su imaginación, pensó.
Mientras comía el cereal, recordó que alguna vez leyó un cuento de Cortázar sobre una casa tomada, aunque no sabía bien por quien, en el cuento no quedaba claro si eran espíritus chocarreros o la imaginación de los hermanos, de las dos cosas tuvo miedo, si era lo primero, tendría que huir por desconocer las intenciones de los fantasmas, si era lo segundo, lo más probable es que se estaba volviendo loco.
Mientras bebía miraba fijamente la esquina de la que salió el ruido, pensaba en que hacer, no podía permitir que aquello tomara su casa y su cabeza, las dos cosas a la vez, todo al mismo tiempo, algo le ocurrió mientras sostenía esta platica para sus adentros, recordó de su libro de mago el conjuro para liberar casas encantadas, su libro de magia era una publicación vieja que perteneció a su abuela y a la madre de esta, les brindó mucha diversión cuando niñas y su abuela notando que Emilio era un niño inquieto y curioso le regaló el libro cuando cumplió 8 años. La primera vez que lo abrió encontró como hacer el truco del conejo, el de adivinar el número de la carta y el de la varita mágica que saca una paloma, le pareció sorprendente conocer los trucos para hacer parecer aquellos actos como reales y sorprendentes, es decir, conjuntando una serie de materiales inertes, aprendiendo algunos movimientos y diciendo algunas palabras, él podía transformar estos simples elementos en un momento entrañable, divertido y agradable para los presentes, ahora que tenia casi 15 se descubrió decidido a recuperar la magia perdida, así que tomó al perrito Fredy y salió en busca de las llaves que abren el sótano de la casa, si, el lugar más inhóspito donde casi nunca va nadie, de hecho es un lugar casi olvidado, húmedo, oscuro, lleno de bichos, escalofriante; según sus cálculos, el sonido que escuchó salía de esa zona que estaba justo a la altura de la esquina a la que aventó el papel, bajó la escalera con cuidado, acompañado de Fredy y una pequeña lámpara, y al pisar el último escalón una vocecita le dio la bienvenida—te esperaba ¿Dónde has estado todo este tiempo? ¡Nunca pensé que precisaras invitación, lo que se tiene que hacer para que me visites, habrase visto muchacho tan olvidadizo! ¡Es increíble!—la voz parecía conocida pero un poco difusa, la lámpara se apagó, las baterías fallaron, se hundió en la oscuridad del sótano, con voz temblorosa se dirigió a la vocecilla– ¿abuela?—temía la respuesta, la abuela había muerto hace un año exacto—abuela, ¿eres tú?—titubeo, tenía miedo, le sudaba todo, se aferraba a Fredy, pero su cabeza era un remolino de recuerdos de su abuela, de cuando ella vivía: el pastel de chocolate, el disfraz de mago, el libro, los árboles frutales, la mermelada de piña, el suéter azul que le hizo para el invierno, los espaguetis con queso, el calor de sus abrazos—te extraño—dijo con la voz entrecortada—te extraño mucho, me siento triste porque no estas más, quisiera verte, que estés conmigo como antes—pero nadie respondió.
En medio de lo oscuro Emilio lloraba desconsolado con Fredy entre sus brazos, pasaron varios minutos de desahogo en sollozos y de pronto algo entendió: su abuela estaba ahí con él, no podían verse, ya no, pero seguían dialogando con el libro de magia, el espagueti, el suéter que ahora le queda chico y los abrazos de los que sí están. Agachado percibió como algo se desprendía de su cuerpo, el huésped se había ido, suspiró y en ese momento se abrió la puerta del sótano, la luz de una lámpara le iluminó la cara, era su hermana –Pero… ¿Qué haces ahí tirado? Llevo horas buscándote, Carlos está acá con los chicos, vienen por ti para salir a jugar ¿Qué les digo?—FIN : )
LïzRA
CASA DE HUÉSPEDES
Cuando el conde Luca de Orsini llegó a Venecia, en pleno
siglo XVI, se sintió emocionado, la poesía emanaba de
sus aguas turbias.
Llegó muy enfermo, más sucumbió , como todos, ante el
encanto de esa ciudad incomparable. Era feliz, a pesar de
las altas fiebres, sintió que en ese momento había hallado
la felicidad, que Venecia era una ciudad que producía
felicidad, esto un poco lo curó. Surcaba el gran canal, la
fiebre lo consumía, le quemaba, su cuerpo le dolía como
si tuviera brasas en su interior.
Se alojó nuestro conde en un palacio cercano al puente de
Rialto, que por aquella época era todavía de madera. El
Palazzo de la Villa Gonzaga, albergaba también al gran
Pietro Aretino, poeta y periodista mordaz y sin
escrúpulos. Luca de Orsini pudo comenzar su curación
escuchando sus grandes historias.
Aretino, grueso, barbado, entretenía a Luca con la
enumeración de los regalos principescos que le
mandaban las cortes europeas, para sosegar su
aniquiladora ironía.
Luca había mejorado, hundido en su bañera de aguas
sulfurosas, escuchando las historias eróticas de Aretino,
pero sentía que algo conmovía su espíritu, una necesidad
imperiosa de hablar. Algo le decía que sus sufrimientos
serían menos agudos si los podía expresar. Aretino era
poeta, lo escuchó con el imaginario universal de la
poesía, entonces Luca pudo hablar.
Sus memorias lo espantaban. Su casa era un palacio
oscuro, triste, con salas como mazmorras, con paredes
plagadas de tapices oscuros donde casi no se veían la
hieráticas figuras. Un padre brusco y malhumorado que
lo hacía víctima de sus burlas, al igual que sus hermanos,
debido a su espalda curvada, muy curvada , a su aspecto
de flaco alfeñique y su complexión débil. Su padre lo
despreciaba, los hermanos también, el pobre Luca
necesitaba en el siglo XVI, con urgencia un psicoanalista.
Las fiebres poco a poco fueron bajando, cuando pudo
hablar de su rabia, de esa furia febril contra el mundo por
tener ese cuerpo que no correspondía a su estirpe de
grandes guerreros.
Luca mejoró, las aguas de su canal ya no eran tan
turbias, por primera vez sintió gratitud y ese sosiego de
árbol perenne que en el futuro albergará sus nidos.
Ana Barletta
CASA DE HUÉSPEDES
I Intento
Atardecía, las aves en sincronicidad volaban en busca de su nido o bien de alimento. Ellas lo saben, por su canto.
La casa de Huéspedes, fundada hacía muchos años, cercana al muelle donde miles de visitantes se daban cita para admirar la cantidad de barcos, lanchas… que los ricos usaban para su diversión.
El huésped silencioso de la casa tenía una rutina muy particular. Muy de mañana salía hacia su tienda donde vendía toda clase de objetos marítimos. Conocía a todos los residentes del lugar, por eso sabía distinguir cuando alguien era un visitante. El también había sido visitante cuando atracó en el lugar, nunca se imaginó que ese puerto se convertiría en lo que podría llamarse metafóricamente su patria.
Pero era el huésped silencioso -como había sido bautizado- era holandes, para todos los costenos del lugar, él era el raro. Aunque un día llegó a entender que aunque su lenguaje era destino, había crecido entre sus compañeros de casa “un vínculo”.
Sus amigos bebían alcoholes, eran extravagantes, él era tímido. Por eso cada que podía se refugiaba en sus libros, sus cuadernos, donde dejaba que las palabras fueran combinandose hasta poder descubrir con el paso del tiempo si esas palabras tomarian sentido.
En un antiguo puerto había dejado a la mujer a la que había prometido volver. Mas, no fue así. Dicen los rumores de los que viven cerca de la Casa de huéspedes, que ella, enloqueció y que deambula por aquel puerto, a veces riendo, a veces llorando, atacada por la terrible melancolía.
Continua….
Arelis Juarez
CASA DE HUÉSPEDES
Mi casa es el templo de la voz que me acompaña.
Es puerta abierta hacia la nada.
Un estruendo que rompe las ventanas.
A veces el sonido me sale por los ojos
Y no canto…
No hablo… no respiro.
Pero la música que hay en mi mirada,
es como un río que no cabe en mi garganta.
Dentro de mi casa, se deslizan indiscretos
huéspedes pisando los cristales rotos
que matan los acordes silenciosos
de mi canto.
No me pidas que lo explique…
La música en mi, es herida abierta y es verdad:
El sonido me sale por los ojos
cuando ya no sé cómo cantar…
Dolores Granados

