POR FIN YA SE ACABÓ…/ PÁGINAS AMARILLAS. 

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Hemos iniciado un Nuevo ciclo en el taller de Poesia, «La Poesia nos une». En esta oportunidad nuestra coordinadora nos ha invitado a escribir bajo dos titulos sugeridos: POR FIN YA SE ACABÓ…/ PÁGINAS AMARILLAS. 

PÁGINAS AMARILLAS

Repetir tu nombre de derviche
y poner los giros sin enloquecer,
junta los destinos inesperados,
sólo los pájaros de otoño
caen por las chimeneas.

Desiertos habitados de vida nueva,
la arena con el sudor de la piel
crea geometrías calculadas
por el cincel de las cercanías.

Las hojas del quejigo amarillean,
quercus de páginas perennes,
robustecen en ciudades cósmicas.

Todos los paisajes que quedan detrás
enmudecen y mueren en las cunetas,
nunca me llevas contigo.

Epílogos sin empezar,
prólogos sin terminar,
versiones descafeinadas,
vivo en los usufructos
de mi ser.

Suelta esa calavera Hamlet,
Despierta!!!

Monica Herrero

 

 

LAS PÁGINAS AMARILLAS

El calzador de chapines ya no existe en el directorio de las páginas amarillas.
La mujer que los usó durante un tiempo, en un pasado, sigue coleccionándolos,
los limpias con esmero todos los primeros días de septiembre.
En esos días siempre recuerda que perdió una vez la altura de sus ideales.
Hubo un día en el que la luz tenue del amanecer hizo que se encontrara con la mirada intensa de los que caminan tocando el suelo.
Después de mucho tiempo y muchas miradas entendió que la altura no era ventaja, sino distancia.
Comenzó a catalogar sus chapines por colores, después por lugares donde había pisado,
ahora los ordena por caídas.
Unos aún conservan la marca del barro cuando su carroza fue asaltada y tuvo que ir caminando hasta llegar a la torre del palacio.
Magullada, húmeda de sudor, manchada de polvo, pudo sentarse en su único trono, ese que siempre la aguardaba vacío de esperanza.
Otros, le recuerdan la grieta del último escalón que intentaba bajar
cuando alguien le recordó que había perdido todos sus títulos.
Que no era un escalón lo que bajaba sino el puente que habían construido unos arquitectos
para cruzar un río de turbulentas aguas. Ahí perdió el par de chapines, que quedaron al otro lado del puente.
Otros están en la caja de los errores, cuando las palabras no eran necesarias.
A cierta altura existía en su cabeza, la adivinación del pensamiento.
Hay veces que los chapines crujen, como si quisieran hablarla ahora, después de tanto tiempo,
sin embargo, ya no saben cómo hacerlo.
A veces se calza un par en secreto, para ver cómo sería uno de aquellos capítulos románticos del pasado,
recordar ese temblor que ya no existe sino con otra apariencia, otra mirada.
Se pregunta qué calzado debe usar en este tiempo,
donde el deseo se ha transformado en nube,
los chapines crujen,
y ella sigue caminando
bajo la lluvia.
Quizá sea el tiempo de ir descalza por el barro,
recogiendo el magnetismo de la tierra ya mojada.

Mariví Ávila

 

POR FIN YA SE ACABÓ

La opresión, la bulla, el miasma,
la cana gorda que usa chapines
para pisar al muerto.
La causa de la rabia se agotó
bajo el zócalo que aumenta la grasa.
Las ojeras dejaron de prestar su cauce a la lágrima.
Vientre mineral con poder de bosque,
coloquio de peces increpando al fuego.
Discurso engolado, mastines a la puerta de palacio,
dejad espacio al agua,
que los chapines ya no crujan,
la palabra alzó la voz,
la revolución deshizo su metralla.
Ahora que el barro y los mastines duermen,
queda el temblor
ese que produce el seguir caminando,
sin solución.

Mariví Ávila

 

PÁGINAS AMARILLAS

Han de amarillar páginas de vida
caducar ideologías viejas,
encanecidas ,
mohosas.

¡Es mi personalidad gritan los yoes!

Cada uno reclama su ración de moral,
su abrazo con la infancia,
esa que solo debe ser un leve recuerdo,
como rescoldo de fuego

Ana Maria Barletta.

 

PÁGINAS AMARILLAS

Es el tiempo de escribirte un poema.
Tu imagen raída se cuela impregnando mis hojas amarillas,
Las de mi memoria,
Las del ritmo y la historia de mi corta vida.

Insospechado vuelve tu perfume verde,
El sabor de tus labios de los jugos de tu cuerpo,
A mis manos regresa la suave tela de tu piel,
La cortina negra de tu pelo,
El marrón de vetas esmeralda de tus ojos.

Te diría que sufro como mujer enamorada,
Pero no es así, te recuerdo sentado en tus pensamientos
De libro abierto, de letras,
De risas ruidosas y miradas penetrantes,
De tu voz quieta, lenta y profunda
Como cada vez que visitamos los abismos de la noche
Y del día y la lluvia anidada en las ventanas de lugares inciertos,
De posadas distintas,
Del hogar efímero que desaparece cada vez que abro los ojos.

Apareces tú y tu cuerpo velado,
Deambulando de un lado a otro
Como un fantasma desnudo,
Descubierto a la luz de mis deseos,
Interminables deseos, uno tras de otro,
Uno más que otro.

La dulzura y el dolor,
La calma y las furias que errantes hieren cada espacio de mi memoria,
Frágil memoria que casi te olvida,
Que casi te borra del remanso de mis horas,
De las páginas en blanco que escribo a la sombra de esta luz,
De estas manos tan lejanas de ti,
Como las dolorosas certezas de que el mundo se acaba,
De que su azar me vigila,
De que nada regresa, ni tú, ni mis páginas amarillas.

LïzRA

 

 

PÁGINAS AMARILLAS

Resistiendo al tiempo del encierro,
entre cajas y maletas,
las descubro.

Con unción entro en el misterio que esconden,
como huésped cómplice
investigo las señales que me ofrecen
letras acunadas en el silencio.

Descubro en sus marcas al intelectual inquieto:
párrafos señalados,
signos de admiración danzando entre renglones,
escritura en los márgenes
—diálogo de banquete—
revelando al gozador aprendiz.

Cada libro visitado por tus manos,
acariciado, protegido, alistado,
guardado por décadas
preservando tu intimidad,
deseo y pasión.

Pero aquel pequeñito,
fuera de sitio,
esconde un secreto anidado:
páginas amarillas de poesía
sostenidas apenas por un trazo de tu letra,
rozando melodía.

Allí declaran tu amor eterno
a la única comensal
de ese festín sellado en alianza.

Ahora comprendo cuando
aquel día, antes de morir,
pronunciaste casi tímidamente:

“Ellos son parte de mí”.

María Julia

 

PÁGINAS AMARILLAS

Páginas amarillas, naranjas paginas,
Titileando al aliento del aire niña.
Pecho ahogado, arena de latidos;
Abrazos verdes escalonados, claridad matices.
Estómagos, pretéritas hambrunas
Queriendo ser marineros, y trompeta,
Y lapislázuli con vetas suspiros.
Del cielo solo queda una pintura,
Borrosa firma, las edades del cieno.
Desconocimiento, ¿qué habita un cuerpo?
Los rasguños del día atisbando miradas.
Hora de repliegue ornamental
Cuando el saber es cueva, pozo;
El espejo pierde su medida.
Columpio, las ciegas hondas del tedio,
Uñas de rastrojos, árida llanura,
Beso del azul al terrón duro,
Ingravidez limpia filtrada de recuerdos.
Batalla espasmódica entre el tiempo,
Goteo destilado insistente
Que por fin se acabó.

Henar Hidalgo Riol

POR FIN YA SE ACABÓ…

Por fin ya se acabó.
He dejado de soñarte,
A no ser que te hayas disfrazado
y no te haya reconocido.

Se que no estas,
me lo dicen estas letras.
Evito tu mirada
para no ser delatada.

Ha llegado la tarde.
Estás ahora en una habitación,
Yo, en la mía, muy privada.
Guardame, como a un verso de Carilda

El tiempo de nuestra complicidad
Se ha quedado un lugar,
Ventura, algunos le llaman,
Yo juré no enamorarme, no pude.

Arelis Juarez.


¿Te ha gustado este selección? Te invitamos a unirte y participar en el taller de poesía Grupo Cero, haz click en el siguiente enlace para comunicarte con nuestra coodinadora, la poeta y psicoanalista Helena Trujillo Luque.


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