NIÑOS COMO YO MISMO

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NIÑOS COMO YO MISMO

Jugar es conveniente,
jugar es ambicioso,
jugar es un impulso y un deseo,
jugar es luminoso,
jugar es utopía,
jugar es el anhelo de un mundo más hermoso.

Busco entre mis retales las piezas de la vida,
coso una a la otra como historias
que con cada puntada resucitan.
Jugar es generoso:
las puntadas abren manantiales,
las telas florecen en ramilletes de petunias,
brillan como candiles de aceite
nutriendo las horas que salen de su guarida.

Estoy dispuesta a mostrarte
la vía láctea que estoy tejiendo,
adornada de susurros,
silencios traviesos,
sombras que retornan,
y nuevos sueños
para entrar en el viaje
donde aún duermen los deseos.

Qué belleza este viaje que retorna,
vuelve como paloma mensajera
dejando ternuras, tristezas y alegrías
en los abismos turbios de la memoria,
en las tercas ambiciones de los hombres,
en las estrechas selvas de los humanos
donde al amor le cerraron las puertas.

Si los nidos mantuvieran sus columpios en los tejados,
sin más ley que los estambres de mi sombrero,
cada pico abriría un pasaje secreto
hacia las minas que Salomón soñaba en silencio.

Y un pirata con sal y con son
dejaría caer en mis manos, cuando juego,
el tesoro que esconden sus cancelas.

Marivi Ávila


NIÑOS COMO YO MISMO

Fractura y promesa es la niñez.

La vida en miniatura, cadenciosa y desenvuelta,
fraguada por el zar y las buenas compañías,
burbujas y cantos melodiosos, obertura del día.

Jugar dando vueltas, trepados en ramas de hierro
que sostienen suspiros de pájaros,
almas ligeras, volátiles pensamientos inoportunos,
nada más serio que ser niña como yo misma,
cuidadosa de la pequeña fierecilla,
soporte de sus diabluras y necedades,
de los alocados sueños:
domadora de perros, cazadora de mariposas,
infiltrada en la vida de todos,
investigadora incansable,
ingeniera del mundo real,
poscrita tallada en garabatos y letras,
en códigos secretos reservados para quien supo leer.

Niñas como yo misma nacen en todos lados,
fugaces y estruendosas,
lanzan aullidos en los montes,
corren entre los matorrales,
vuelan tal alaudas
viajan en trayectorias infinitas,
se amplían y se reducen a células multiplicadas,
roban risas y cariños,
los muerden como a piruletas,
los mastican como chicle,
se hunden en las flores
irrigan la nostalgia
cual abejas con encargo
germinan como semilla dura
suavizada por la humedad de la caricia.

Regresan las niñas como yo misma
a las casas paternales
y nadie está más allí,
ni el pan ni el polvo bajo la alfombra,
ni los cuadros o la tacita del café,
ni Santa Teresa o la radio,
y sigue el patio verde de flores,
el árbol grande con su vista de sobrevuelo,
y está también una niña como yo misma,
a punto de trepar las cortezas
en la hora de jugar.

Lïz Ramirez


NIÑOS COMO YO MISMO

NIÑOS COMO YO MISMO

Con los sonidos de la primavera
es posible hablar de estas cosas.
He sido, sigo siendo un niño.
¿Como no anticiparme a los hechos?
sí me siento perplejo,
todo me rebasa,
siento miedo de los que gobiernan este mundo.
Yo soy un niño
y un adulto también.

Los adultos toman decisiones.
Los niños tienen que obedecer.
Hay adultos que obedecen también
como niños inocentes.

Hay niños que no volvieron a casa
después del cole.
Hay adultos que vuelven a casa
pero solo corporalmente.

Camino por las calles,
recorro espacios infinitos
y veo a mi alrededor, hambre y sed.
Carretillas del supermercado
ocupan las aceras,
duerme el hombre y la mujer
junto al retrete, y nadie se asombra.

Todo parece tan natural,
como la guerra.
Me rebasa una idea
temo por el futuro del hombre.

Faltan dos horas
para las dos de la mañana,
es la hora del que no duerme,
la ciudad duerme, como es natural.

Arelis Juarez


NIÑOS COMO YO MISMO

Llevas en la piel la hambrienta humanidad,
el sufrimiento de mil hombres ancianos,
tú que has recorrido guerras,
que como lava espesa invaden tus ojos.
Tú que has sido víctima de la intriga silenciosa
que se apropia de la alegría y enferma los cuerpos.

Tú, niño de Gaza,
hasta te obligan a entregar tus pequeños órganos,
tu pequeña vida aún sin estrenar.
Frutal corazón que trepaba a los árboles,
descubrías el mundo con ardientes ojos.
Te obligaron a entregar tus órganos
a las pobres fachas metálicas,
heraldos negros de la muerte.

Niño de Gaza,
tu vida está en manos
de los que en las oficinas mastican petroleo y sangre.
Y las bocas inmundas siguen inundando de
falaces palabras, siguen, no cesan en su vertido mortal.

El hambre es una presencia que cabalga
en la arena de tu carne,
hambre, ¿te preguntarás obsesivamente
por un huevo duro cascado en la mesa de la cocina?
¿ qué puede pensar un niño con hambre?
¿que puede pensar una madre de un niño con hambre?

Ana Barletta


NIÑOS COMO YO MISMO

Los cerezos broncean un sol de tierra,
mientras Sorolla diluye los pinceles
en castillos de arena,
niños brillantes de oleos,
se estiran a mares.

Las barcas acampan resecas
en la piel de los mayores,
lijando la madera de costra,
los recuerdos huelen a sal.

Infancias orilladas en digestiones eternas,
apagando el fuego de los toboganes,
con la inercia de los años
devorados por el agua.

Repentina senectud
atrapada en los escalones
de los embalses verdes,
sin fuerza para saltarse
las paredes de roca.

Medusas invisibles
a la melancolía de las madres,
cruzando las albuferas
del futuro.

Niños adoptando edades numerosas,
en el verano de soles eclipsados,
en las eras amarillas del tiempo,
corren al lado de las amapolas.

Ya los manzanos de agosto,
responderan a su madurez,
marcando los inicios
de los que elijan volver.

Mónica Herrero


NIÑOS COMO YO MISMO

Desde abajo
desde el borde

La calle es mi casa
Me ves crecer

En el entretiempo jugamos
Cuando los pasos cesan
alli respiramos
reímos juntos

La multitud desfila
No miran
no escuchan
pasan
Dejan algo

a los de abajo
a los del borde

Mama agradece
-desde abajo-
Me confunde

En mi mirada se graba
la indiferencia de otros ojos

en mi nariz los bajos olores
en mis manos el sobrante
en mis oídos el desprecio

Desde abajo no me escuchan
En el borde soy pequeño
Pido y no miran
Grito y se quejan

El borde no es poesía
Pero reconozco mi voz
Crezco
leo la letra de otros
Me nombran “los Nadies”:
al borde de la historia
al borde del camino
al borde de lo humano

Siento fuego
-desde abajo-
la vibración en el cuerpo
enciende mi voz

Canto mi nombre
de pie con los míos

Música nueva
letra inédita

desconcierta a muchos
pero en libre vuelo se expande
Atraviesa calles, cielos, mares
toca cuerpos
convoca multitudes
hace visible a los niños de abajo
a los del borde como yo.

Maria Julia Ardito


NIÑOS COMO YO MISMO

Diminutos, juguetones, girando rubicundos, destartalados,
En desagüe de risas locas de la manita de llantos desatinados.
El chichón de tu cabeza junto con mis pecas en aquel cajón
De pajaritas de papel amarillas brillantes y verdes,
Junto al brazo arrancado de la pepona que cerraba un ojo,
La pepona vestida con un lazo en la cabeza que abría un ojo.
Manillas de reloj que una vez giraron al revés, como el mundo.
De ser eso así, habría sido porque yo un día fui niño como tu mismo,
Pero eso no sucedió nunca, a pesar de las fotos y de ese empeño.
Las magdalenas se las comerían otros, jamás medí medio metro.
Que no se cansen mis amigos en recordar mis trenzas;
Míos eran los nudos pero de ninguna manera los cabellos.
No era yo quien cayó a la piscina, ni quien lloró en el colegio;
No era quien rezaba todas las noches, ni quien leía la cartilla.
Esa niña que adoraba a mamá las veinticuatro horas del día
Nunca sucedió, aunque pareció que sucedía con la furia de los mares.
Tampoco lo soñé, o si fue soñado, fue otro de mis múltiples sueños
Escondidos entre almohadas y sutilmente hurtados a la luz del día.

Henar Hidalgo


NIÑOS COMO YO MISMO

Yace un pedazo de tierra
en el palomar,
coselo al vestido de la muñeca,
el verde, verde musgo
como la orilla del lago.

Flota un pedazo de verano,
allá abajo, junto al río,
no dejes que se aleje tanto,
sin antes nombrar a un marinero.
¿Serás tú?
¿Te atreverás?
¿Subirás a la balsa
para partir hacia el mundo?

Falta un pedazo de color
en esta imagen envolvente,
flores y niños
rompen la tela
lo desbordan con alegría.
Cuando llegue el momento,
impúlsate con fuerza
y navega tan lejos
como el viento te lleve.

Laura Maria Trat


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