
Kamala Suraiya Das (1934 – 2009)
Kamala Suraiya Das nació en 1934 en Malabar, Kerala (India). Fue una poeta inglesa india y una de las principales autoras en malayalam de Kerala. Es una de las escritoras más representativas de la India. Galardonada con prestigiosos premios nacionales e internacionales, fue propuesta para el Nobel en 1984.
Para conocer más sobre vida y obra de esta autora, recomendamos la lectura de la revista Poesía Más Poesía N° 328.

POEMAS
LA EDAD DE PIEDRA
Cariñoso marido, antiguo colono de la mente
Vieja araña gorda, tejiendo telas de desconcierto
Sé amable. Me conviertes en un pájaro de piedra, una
Paloma de granito, construyes a mi alrededor un salón deprimente
Y acaricias mi cara picada de viruela distraídamente
Mientras lees. Con tono alto quiebras mi sueño pre-matinal
Metes el dedo en mis ojos soñadores. Y
sin embargo, en los sueños de día, hombres fuertes
proyectan sombras, se hunden
Como soles blancos en el oleaje de mi sangre dravídica
Secretamente, los desagües fluyen bajo las sagradas ciudades.
Cuando te vas, conduzco mi destartalado coche azul
A lo largo de un mar más azul. Subo corriendo los cuarenta
Ruidosos escalones para llamar a la puerta de otro.
A través de las mirillas, los vecinos espían,
Me ven llegar
E irme como la lluvia. Me preguntan, todo el mundo me pregunta
Lo que él ve en mí, me preguntan por qué le llaman león
Libertino, me preguntan por el sabor de su
Boca, me preguntan por qué su mano oscila como una cobra
Antes de cerrarse sobre mi pubis. Me preguntan por qué como
Un gran árbol, talado, se desploma sobre mis pechos,
Y duerme. Me preguntan por qué la vida es corta y el amor
Más corto aún, me preguntan qué es la felicidad y cuál es su precio.
LA HERENCIA
Esta fue pues nuestra única herencia, este viejo
Virus que cultivábamos en el alma de tal forma
Que cuando a la caída del sol, el agudo grito del
almuédano resonase desde
La mezquita, las campanas de la capilla anunciasen
el ángelus y
Desde el templo se elevase el canto disonante del brahmán,
Nosotros anduviésemos con los corazones agitados
Por un odio, ilógico,
Y escogiésemos no creer –lo que quizás intuíamos vagamente-
Que tan sólo era la locura de nuestros padres la que hablaba,
En tres tonos diferentes, murmurando: Asesinad a quién no
Crea, o mejor aún, destripad a sus vástagos
Y esparcid por las calles sus pobres entrañas. ¡Oh Dios!
Bendito sea tu justo nombre, bendita sea la religión
Purificada en la sangre de los impíos, bendita sea
Nuestra ciudad sagrada, bendita sea su gloria roja.
ALGÚN DÍA DEBERÉ
Algún día deberé partir, dejar el capullo
Que construiste entorno mío con el té de la mañana,
Con palabras de amor lanzadas desde umbrales y, por supuesto,
Con tu cansado deseo. Algún día deberé levantar
El vuelo y volar, como los pétalos
Al viento, y tú, querido,
Triste resto de una raíz, debes
Quedar atrás, sin orgullo, en camas dobles
Y lamentarte. Pero algún día volveré habiendo perdido
Casi todo, lastimada por el viento, el sol y la lluvia,
Demasiado herida por una felicidad salvaje para ansiar
Aún otra escapada u otra ráfaga
De libertad, y veré, algún día,
Mi mundo sin carne, sin venas, sin sangre,
Esquelético, luego cerraré los
Ojos y me refugiaré dónde sino
Aquí, en tu nido de conocido desprecio…
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