LA ESTATUA DEL MINERO

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LA ESTATUA DEL MINERO

En aquel Rincón a 5100 mts. de altura

Tu piedra sangra.
Suda gritos.

En la bocamina la huella
de tus manos pequeñas.

Ni el Apu puede protegerte.
Los vientos helados rasgan tu piel.

Tus pies juguetones desafían guijarros
y en el socavón te escondes.

Brillan tus ojos cuando el desmonte entrega
promesa dorada
en la amalgama.

El azogue quema
tu piel infantil.

Chacchas la coca, amiga infaltable,
que consuela al hambre
de tu mendigo pan.

Te cansas a oscuras
Imploras a duendes
que brillan danzando
y cantan historias de
mundos sin oro.

La ilusión enciende calor en tu cuerpo
pero el frio penetra
tu inocencia anciana.

Noches piratas usurpan tu infancia,
silencian tus sueños.

Y La Pachamama,
con su vientre en tajo,
sangra
y llora tu recuerdo.

María Julia


LA ESTATUA DEL MINERO

Podrías ser uno de tantos
que descienden sin casco a su propia sombra
viviendo en la penumbra,
como si la luz no fuera para ti.

Negro azabache como la costra de tu cuerpo,
tu gesto mineral como pieza muda
acabas respirando polvo
y luz del sol ya no te reconoce.

Cuerpo hecho para la oscuridad,
muta tu corazón bajo el peso de los minerales,
rojo en su interior y en su rutina.

¿Porque callas bajo la tierra
ante el juicio obrero?
Te llevaría una carta con alas,
una luna dibujada,
linterna mágica para tu noche,
para la escritura de tu nuevo cuerpo.
Pero la oscuridad te muerde la mirada,
caíste en la trampa del calor
hasta entregarte como amante a los infiernos.

El patrón que ordena y nada sabe
arranca el oro de la mina y solo ve su luz,
¿no te diste cuenta?:
tu pañuelo de lágrimas ya es ceniza.

Habría que liberarte de esa cárcel sin llave
antes de que termine este poema,
pero nada indica que puedas ya respirar
afuera de esta página,
o volver al sol del mediodía,
ni recoger los restos del día,
y comparar la oscuridad con la noche
ni ambicionar el gesto de la vida
bajo la luz de los atardeceres,
ni hacer balancines en briznas de aire limpio,
para que no huela tanto a muerte
a invernaderos profundos
que te hieran los ojos,
pues ya se está forjando tu estatua
y nada queda en ti que pueda huir de la piedra.

Estatua sin nombre,
eres el silencio de los que la mina no devolvió a sus casas,
testigo de esa oscuridad
habitante de la futura patria de todos los mortales.

Mariví Ávila


LA ESTUTUA DEL MINERO

En la esclerótica de los candiles
cruzan los trenes del hierro,
que mueven tierras alejadas
en la superficie de las apariencias.

También en el fondo del silencio
se mueven montañas,
la mina de oro de los poetas
es una espera desierta.

Extraen algún verso de roca,
los hijos de los mineros
con deudas de lapicero.

Para exhalar los recuerdos
abriendo bocas
fuera de los cementerios.

El sudor de la tierra,
se pega en los pulmones
por túneles que hacen vibrar
los pies de las antípodas.

Cuando un amanecer naranja
proteja los horizontes
del incendio de la oscuridad.

Habrá que atreverse a surcar la tierra,
arriesgarse a encontrar
el oro en las fisuras
del final del tiempo.

Soñar con un mar de jade,
Salir de los agujeros !!!

Mónica


LA ESTATUA DEL MINERO

Piel de carbón,
ojos que se llenan de cielo
antes de descender.
Deslumbrante oscuridad aquella
que busca entre sus fieles sirvientes
el más audaz
para encontrar que su sangre
aún se mezcla con la tierra
sin corromperse.

Durante el dia,
que es noche sin descanso,
el minero se acerca a lo que es:
su propia sombra
o un reflejo de lo que podría ser:
un gusano horadando
el centro del mundo.
Es decir, no se parece a nada,
es decir, no actúa como si alguien
estuviera ahí, sosteniendo el núcleo
como un esqueleto que sostiene
la imagen de dios.

Dios, en la mina,
tiene una voz diferente;
más áspera para pulir las paredes,
más íntima para asegurar
que la fuerza sindical fluya
en una sola dirección
hacia el corazón.

Y si algún día
con el último vagón lleno de mineral,
desaparezcan las minas,
se alzará una estatua
con piel de carbón
y los ojos llenos de cielo.

Laura Trat


LA ESTATUA DEL MINERO

Una estrella escondida anidaba en su alma,
Una explosión de locura la transitó
cuando en la universidad leyó a Marx.
Era toda lirio en flor, toda blando candor,
su inocencia se pobló de colores,
pintó sus labios de rojo sangre,
traicionó a su familia burguesa
y desde ese momento creyó en la fuerza del trabajo.

Con avidez de fiera orgánica,
bebió, muchos lirios después, a Freud, a Martí.
“La felicidad está en el camino del trabajo”
Lo entendió:
Como la altiva estatua de un minero,
trabajo humano que te muestras para el que quiera abrazarte ,
que te construyes para el que quiera recibirte.

Trabajo humano , en tus trenzas están prendidas las manos que construyen el mañana.
Pobre de aquel que no se atreva a construir lunas
con su trabajo,
que no pruebe una noche cualquiera mancharse
las manos al sembrar una semilla,
que no se atreva a poblar de puentes el río.

Freud sembró de lunas la antigua inocencia,
Martí puso a trabajar al minero
que anidaba en aquella oscura gruta.

Ana Barletta


LA ESTATUA DEL MINERO

La estatua del minero está tallada en carbón negro,
Lo mismo que su piel, y todas lo sabemos.
En carbón negro se talla su blanca piel,
Al igual que manto transparente en mármol,
Tan pocas veces ultrajada por el rayo sol.
Y su casa se confunde con su trabajo,
Y su trabajo se difumina en un pedazo de pan
Y ese pan negro se desdibuja en un oscuro mausoleo,
Mausoleos que mueven trenes que pitan por la llanura
Que crepitan por los raíles de duro hierro extraído.
La estatua del minero está tallada en hierro macizo
Y cuando llueve o cuando la salpica el mar, se oxida.
Hierro que se quiebra con los lamentos, con los sollozos,
Lamentos y sollozos profundos ahogados en tierra.
Suspiros enamorados, dedos de alianzas doradas,
Alianzas de oro de bajo quilate con fecha e iniciales.
La estatua del minero está tallada en oro de primera
Imposible de fundir incluso a máxima temperatura.
De oro son sus nudosas manos, de oro rojo su corazón.
Ese oro por el que tantas personas han matado y han muerto;
Oro maleable, oro dúctil, oro denso y conductible, oro resistente.
Topos de camisa, calzoncillo, pantalón y botas,
Especie común y rara buscando tierras raras.
La estatua del minero está tallada en tierras raras,
Tan raras que están esparcidas y son muy nocivas.
Tierras raras escarbadas por topos negros de carbón.
Un hoyo primero, sigue bajando más y más.
Cava tu tumba, allí nadie la verá, después sigue cavando,
Que haya tumbas y mausoleos para todos, no te rindas.
Sigue y sigue, que cuando estés exangüe
Allí encontrarás eterno reposo y siempre habrá
Alguien que vendrá detrás tuyo a seguir hurgando.

Henar Hidalgo


 

LA ESTATUA DEL MINERO

A donde vas vestido de negro azabache
Oh minero incansable,
Con tu compañero obrero
te alzas en lucha inacabable.

Llevas en tus hombros
el cansancio de tus ancestros
aunque conoces el dolor
de las profundidades
sigues, la estrella te espera
como victoria que sale a tu encuentro
mientras tus uñas negras
arrancan de la tierra
sus mejores riquezas.

Vallejo te llamó creador de profundidades.
Neruda te regaló la sonrisa al romper la piedra.
Otros hermanos tuyos
defendieron tu honor y tu vida.
De la rama del árbol
donde te posaste a descansar
aquella tarde al salir de la bocamina,
tallaron la estatua
que, de ti, me lo dijo todo.

Oh, minero compañero
que vas vestido de azabache
Yo quiero ser como tu
minero compañero.

Arelis Juárez


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