DOS HERMANOS MUEREN EN LA LUZ

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DOS HERMANOS MUEREN EN LA LUZ

El primer hermano:

Se asusta cuando viene el agua,
piensa que le va a robar su juego
y es suyo
y es solo él
quien debe mandar.

Salta por encima del puente,
el miedo vendrá más tarde,
ahora es muy joven,
ahora su risa se impone al mundo.

El segundo hermano:

Es de sangre y hueso,
ningún muñeco
como habría que esperar.
Con los gestos se acerca a su hermano
porque la vida se acerca a la muerte
y toma de ella sin pensarlo
sus próximos pasos.

Aprenderá a nadar antes que el otro
y su destreza le llevará
a enfrentarse al océano.

El primer hermano:

Llega a la corte
recuperándose del susto,
se convierte en asesor del rey.
Ya nadie se pregunta
qué hacer con aquella ira suya,
el camino mostró
que era necesario
un estratega más.

El segundo hermano:

Pasa el día entre tierra y olas,
cuenta las estrellas
sin saber nada del tiempo real.
Desde que nació segundo
su vida le sirvió de excusa
para llegar primero.
Ha conocido islas exóticas
pobladas de lenguas extrañas
y ha estado parado
en mitad del mar
donde nada le recordaba
a ningún idioma
para ser el primero en hablar.

Los dos hermanos
el primero y el segundo
como la muerte
que está antes de nacer
y la vida
que siendo segunda
siempre viene primero,
pasan por mi mente
como un destello de luz.
Los dos hermanos,
uno rígido y formal,
el otro aventurero y medio ahogado
han sido nada más
que luz ante mis ojos
y han dejado un silencio estrepitoso
después de haberse ido.

Laura Trat


 

DOS HERMANOS MUEREN EN LA LUZ

“Los primeros muros se empaparon de sangre fraterna.”
Lucano, Farsalia, Libro I verso 95.

Sangre
culpa
en cada piedra su lágrima

Luminosa Roma
carne de dioses
pasión vestal

La transgresión es tu marca
violando murallas
desafiando destino

Incrustada en la historia
eres teatro de humanidad

Burlas a los omnipotentes
desnudas lo siniestro
condenada a la eternidad

Ambiguo es tu canto
-allí tu potencia-
Pasión salvaje tu cimiento
-impúdica marca de origen-

Trágico tu talante
exuberante tu lujuria
Belleza y horror
surcan tus aguas
gemido de hermanos
heridos por tu luz

María Julia


DOS HERMANOS MUEREN EN LA LUZ

La vida es un instante velado
comparado con la intensidad de la luz
que insiste día tras día a través de las ventanas.

Como el relámpago que se abre paso para nacer en la inmensidad,
en el azul profundo de los océanos.
O el borde del universo, atónito,
mandando chispas en destellos
que regresan a alguna negrura que los llama.

Pero hay potros sin freno
queriendo alcanzar estrellas a destiempo
que se han clavado dentro de los ojos.
Son tantas que los cuerpos se electrifican,
de cero a mil, generando su propio voltaje.

Allí donde la luz duda,
se ensombrecen las pupilas que se alejaron del abrazo,
de aquella complicidad luminosa o callada.
Límites desdibujados en las memorias del cuerpo.
Las miradas huyen hacia distintos universos,
y los espacios pierden su equilibrio.

No hubo flores en los surcos del camino
ni brotes tempranos
que rozaran las copas de los árboles
para inventar refugios de madera,
lugares donde imaginar hogar.
O quizá un microcosmos luminoso,
como una pecera de aguas transparentes,
bañada en luz
que revela colores salvajes
reclamando sus espacios,
como un río pequeño
desbordando sus locuras
incluso en la oscuridad.

La luz cubre los silencios
y entorna los párpados
en el epicentro del llanto.

Caen los sueños, amontonados,
como un torbellino de mariposas
sin cielo posible,
precipitándose hacia la luz.

Las cenizas se dispersan
detrás de todos los incendios.

La vida, sin saberlo,
prepara nuevos brotes.

Mariví Ávila


DOS HERMANOS MUEREN EN LA LUZ

Si la madre tierra
En su matriz universal
nos ha concebido
por qué vivimos divididos.

Tengo dos hermanos
Uno vive en un silencioso desierto.
Otro quiere ser luz
Y lo persigue la sombra.

Llegose un día un pájaro carpintero
visitando a uno de los hermanos
al dormirse no se percató
que el pájaro aquel
las paredes de su casa agujereó.
Cuando quiso detenerlo
la luz había inundado todo su ser
de los pies a la cabeza.

El otro hermano está en un dormitorio
a solas,
medita de día
medita de noche.
Tiene una cabezota de tanto pensar.
Razona
y cree saber
pero no sabe.
La luz que intenta filtrarse
de cualquier manera
porque nada puede opacarla
día a día
emite ráfagas por todos los rincones
Y esa luz, le encandila.

Arelis Juárez


DOS HERMANOS MUEREN EN LA LUZ

Hermana, tienes tu garganta
encerrada en una cárcel de silencio,
no puedes hablar, no sabes hablar.

Hermana, te pienso en esa intimidad de ausencia,
pero, disculpa hermana,
tengo que matarte.

Eres garganta petrificada,
eres tibia presencia heladora,
gozas de una herencia antigua.

Un temblor humano,
eso es lo que no toleras hermana,
gozosa, llevas asida en tu cuerpo
a nuestra madre.

Obstinada, sujetada a sus dolores,
como ella, los sientes acompañantes de vida.

Perdona que te diga hermana,
como compañía
los dolores no sirven.

El vientre siempre fecundado,
siempre a punto de dar a luz.

¿Acaso no sabes todavía que hay hijos que no nacen del vientre?
No te has enterado de la maravilla del humano mundo?
no te has enterado que la metáfora
puede alcanzar más allá del arco iris,
mutar un hijo en un libro, en un cuadro, en un poema.

No, no te has enterado.
Por eso hermanas, lo siento, debéis saber
que nuestra madre ha muerto,
es ahora palabra encendida.

Ana Barletta


DOS HERMANOS MUEREN EN LA LUZ

Gotas de lluvia caen como cabellos largos de doncella,
rozagante y abierta
como alma de libro lleno de palabras.

La encíclica sagrada de lo humano,
los fuertes truenos,
el camino centelleante que nos une a las profundidades del suelo,
dos hermanos mueren en la luz
ardiendo después de robar el fuego,
alabados sean quienes nos dieron la braza,
la chispa alegre y serena de existir sin mordazas.

Los hermanos flamígeros,
obnubilados, victoriosos,
corren y saltan por las escarpes,
corren y saltan acantilados,
han hecho enfadar a los dioses,
esquivan puños, azotes y blasfemias,
dos hermanos mueren en la luz de la gloria,
de la hazaña hecha,
sonrientes y ufanos,
laureados e invocados,
envueltos en clamores, loas y vivas,
de cada alma viva,
abrazada por la llama de su sabiduría.

LïzRA


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