ATRAPADA EN LA INMORTALIDAD

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ATRAPADA EN LA INMORTALIDAD

La brisa que corre
en este lugar ignoto,
en esta tierra amarilla
que late a incontables leguas bajo mis pies,
podría arrancar de sus cimientos
los toldos abigarrados,
las carpas y ventanas,
pero no lo hace.

Hechos jirones
nuestros sueños nos persiguen
como moscas peceras
girando en círculos
siempre iguales.
Abren y cierran sus bocas,
atrapan aire y aquel aroma
que desprenden nuestras charlas sempiternas.

En este estar y vivir
desde la aurora hasta la resurrección,
ningún pájaro tiene voz humana,
ningún cocodrilo llora lágrimas de pena,
ninguna flor sabe a despedida
y las ondas emitidas
botan y rebotan
y botan y botan
sin sentido y sin razón.

La brisa que corre
en este lugar ignoto,
en esta tierra amarilla
que late a incontables leguas bajo mis pies,
lleva ciclos viniendo,
lleva eternidades anunciando
la combinación egregia.

La combinación es la que te salva,
la combinación te hace entender,
la combinación, la combinación
se me olvidó la combinación.

Laura María Trat


 

ATRAPADA EN LA INMORTALIDAD

Hoy estoy cerrada,
soy frígida, a ratos casi estatua,
casi figura antropomórfica,
celeste, la luz entra pero no me toca
no se abre ni el escaparate de mi boca
ni la huella del día hizo relieve en mi libreta.

Soy subversiva, me cansan las vocales
que no me rozan, pasando como puentes
sin dejar su impronta.
Soy efímera, indolente, a veces atrevida,
llevo un cántaro de faroles sobre la frente
buscando una frase que no se rompa,
hacia un futuro perfecto
desde un pasado imperfecto que aún pesa.

Viajar, ¿para qué tanto movimiento?
Si las letras esperan en el teclado
dispuestas a descubrir historias, paisajes
lugares, vidas, sueños…
¿Hay alguien que quiera viajar por su cuenta
y al volver me regale su historia?
Dejadme tendida en la arena, conversando
con estas ideas que se acercan al deseo
que murmura mi nombre.

¿Cómo saber lo que a cada uno le conviene?
Ya no hay nadie que me prohíba,
nadie que me permita,
nadie que me escuche,
nadie que me toque.
Y aún así sigo buscando una voz que me responda
¿Qué hacer con esta libertad encarcelada?
Sigo buscando que alguien me encuentre,
aún yo no sé habitarme.

Mariví Ávila


ATRAPADA EN LA INMORTALIDAD

Sumida en la imposibilidad de un verso.
Toda su vida es eso,
un no poder cambiar de mentalidad.

Rostros marcados por la tristeza
tristeza de no poder ser.
Hay escenas tras bambalinas
Esperando a que te decidas.

Tienes miedo
y la palabra muere de frio.
Quieres, quisieras, te enredas.

No se compra una posibilidad.
No hay tiendas de ideas.
La vida te espera,
ven a ella.

Hace tanto tiempo que
el hombre dejó de soñarse vivo.
Duermen despiertos
la vida se les escapa.

He aquí, que os traigo un despertar.
Yo soy para ti
y tú eres del mundo
para el mundo.

Rueda la vida
rueda el mundo
Como la gran bola que dicen que es
yo no lo sé.

El mundo es como es,
con sus leyes y decretos.
Imperfectos,
somos todos.

Acéptalo
y desata los pensamientos
Que te atan a la inmortalidad.

Arelis Juárez


ATRAPADA EN LA INMORTALIDAD

Una tristeza pequeña,
plumaje de cóndor
aleteante, planea sobre el corazón

Un cielo pequeño,
subsuelo de graznidos,
tachadura de una quimera.

Una quimera perdida
en un cuarto de hotel,
sacudida por la hendidura del tiempo.

¿Conoces el murmullo de las flores cuando despiertan al amanecer?

¿Tienes la locura de amor de un sauce llorón
que inclina su triste copa sobre aguas
de soles brillantes?

Padecer de la tristeza diminuta
del graznido de la paloma torcaz,
del aullido del mono,
del aturdimiento de los gorriones atardecidos.

Padecer de la melancolía del sauce,
de las aguas que no llegan nunca
a tocar su alma,
gozosas discurren sabiendo que mueren en el mar,
saben que hay un mar,
padecen del saber que les otorga el mar.

Ana Barletta


ATRAPADA EN LA INMORTALIDAD

I
Me divierto con los bosques,
avivada, perturbada por el sueño
las yuyas viajan,
chapotean en estanques de estuco y olvido,
¿Qué olvido?
A los inertes mortales
destructores de cosechas,
flamígeros hornos cocinaron mi pan triste,
de pequeñas migas rotas,
dibujan el camino de los cuentos
al lugar de la bruja del bosque profundo,
oscuro bosque de copas enlutadas
de sol externo
de vientos como mareas
llevándose cada uno de mis cabellos.

II
Forasteras simientes
carcomidas por hormigas y tapires,
por pequeñas bestias vespertinas,
felinos vestidos a rayas de colores,
sus bramidos huecos y blancos
en el estupor de un cuerpo estallado,
torcido y loco y excitado por el amanecer.

III
Estoy atrapada en la inmortalidad
erizada poro a poro abierto de la piel de tierra,
hojas abiertas sedientas del vino granate de estrellas,
vacilante serpiente nocturna,
violeta acechante del joven roedor sin miedo,
abrazado de orquídeas milenarias
soberanas de mieles y estupores de pájaros amantes,
viajantes de cumbres celestiales, en las nubes paraíso de focos y gacelas,
fugaces reptiles, suaves venados danzando a la mitad del subsuelo,
su claqueo cierne madrugada y ocaso,
acuna el sueño de mirlos, amapolas y lilas
edificadas a ecos y gritos,
prescritas con hierbas poderosas y honestas.

IV
Moriré en este mundo,
¡Líbrame de la inmortalidad!
¡Líbrame!
Del eterno retorno,
de una vida sin tiempo,
de la escases de tajos que me hagan sangrar,
de las inalterables líneas rectas
¡Líbrame!
Dame muerte y vida,
párrafos y capítulos,
heridas que curar,
barro y arcilla para moldear,
inventaremos el mundo,
pasó a paso dejaremos huellas.
Aquí en la penumbra
el sol se levanta
solo por hoy, una pisada más.

LïzRA


ATRAPADA EN LA INMORTALIDAD

Una literalidad asfixiante,
que no deja entrar a las palabras
me limita en la escucha,
ella insiste en geografías comunes.

Me habla con ideas monocromáticas,
me intenta involucrar en sus obligaciones,
con canícula eterna,
con certezas soporíferas,
con pasos de plomo,
estéril inmortalidad.

Otras veces, arriesga una mortalidad inventada,
pero es tan torpe con la vida,
que es probable que la mate
con sus propios miedos.

La inmortalidad es un reptil cobarde
que atrapa a los cuerdos
con la razón y el aburrimiento.

También a los locos atrapa
con sus voces de sirena,
a ellos no les da explicaciones,
les excluye en la periferia
de sus verdades muertas.

Vigila los movimientos,
la vibración de los cuerpos,
los gestos inadecuados,
apunta las sienes con pistolas
que se funden en la espera.

Es posible acabar con ella.

Para robarle la vida,
se necesita la insensatez del amor
que traen en las manos los poetas.

Mónica Herrero


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