DESDE LA VENTANILLA DE UN TREN

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DESDE LA VENTANILLA DE UN TREN

Este tren lleva una marcha inquietante,
en mi viaje escucho las noticias
a través de una concha marina.
Ya no hay multiplicaciones de panes y peces
en la tierra:
la siembra es una espuma de ceniza rancia
o mandato salvaje que no suelta a su presa.

Una voz retumba desde el agua;
un Cefaluno las agita con fuerza,
provocando a la ola de Hokusai,
desestabilizando la vida,
usando la fuerza del caos.

Hay vistas increíbles a toda marcha:
El Cefaluno aún no sabe que se gesta un pulso nuevo,
una corriente que no teme al miedo:
el avance de los que ya no callan.

Hay una dama que representa lo femenino,
quiere decir todo lo que no pudo,
cuando su lengua estaba honda
a las órdenes de un cerrojo dominio.
Ahora ella es la dama del océano,
aprendiz de movimientos bajo la ola,
estudiando las argucias para dejar
al inhumano sin labia.
Ella es el eco de una voz extraterrestre.

Va a aflojar las ventosas mugrientas
del cefalópodo.
A su vieja ponzoña
le rodea un ejército de sirenas,
le miran y le cuestionan por sus costas
con sus melenas en las mareas.
Como marioneta cojitranca,
a ellas deberá dar respuestas.

Después descansará tranquilo
en ese sillón glorioso que le espera
cuando la Parca le guiñe los ojos
desde su trono gigante.

Luego volverá la primavera.

Mariví Ávila


DESDE LA VENTANILLA DE UN TREN

Sembrando tiempo llegué a ti
ateridas las manos,
inválida, como en piltrafas llegué a ti.
Elegí cerca y cerca fui.
La dicha de la palabra dicha,
fue proponiendo una nueva patria.
Pasaron los años
¡mira que pasan los años!
Envejeciendo los amigos, creciendo los niños.
Gotas en un mar, penas como semillas
que encendieron el terreno baldío.
Mi paisaje, desde la ventanilla de un tren
es una flauta de pan,
ondular de infortunios remotos.
¿Cómo hablar de mi paisaje
desde la ventanilla de un tren?
balbucear de niña pequeña,
buscando el torrente
buscando el nuevo transcurrir.
Así llegue a mi primera sesión de psicoanálisis

Ana Barletta


DESDE LA VENTANILLA DE UN TREN

Exhaustos los caballos de las trincheras,
tendido como el indio
que huele la tierra de fuego,
las vías saltan en la dilatación
de las heridas del tiempo.

Relojes de muñeca,
relojes de arena,
relojes parados
a los pies de las camas,
las agujas nos separan.

Gea abraza las piedras de los tropiezos
los amantes se fusionan en canfraneros
que taladran túneles de destinos comunes
sin llegar a la última estación.

Pesadas maletas vacías de encuentros
que cambian la dirección
de la vida en cada regreso.

Los bolsillos llenos de libros
caminando con la lentitud
de los poetas, para rezar
para viajar,
para vernos por las ventanillas
de un cielo nublado de eneros.

La quietud de los cipreses
sin prisas,
cuadros hiperrealistas,
sueños difuminados,
rayaduras en diapositivas
desenfoques ópticos
que confunden las miradas.

Andenes de duelos
que se repiten en las venas
de los reptiles urbanos.

Mónica Herrero


DESDE LA VENTANILLA DE UN TREN

Hundida la mirada en el lejano paisaje,
Viajo en este tren.

Poblado de viajantes,
De ilusiones y fantasmas,
De gritos encerrados en maletas,
De alegrías disimuladas en abrigos
Y bolsas de mano.

Desde la ventanilla del tren
Veo pasar de todo,
La aciaga tormenta,
El espléndido día,
Oscuridades y líneas de luz en fuga.

Desconozco la ruta,
¿Qué estación seguirá?
Ojalá que una de un pueblo agitado,
Con campanas sonando y
Gente de acá para allá,
Esperando este tren.

A veces pienso:
Qué en la siguiente parada,
Me asentaré como la tierra,
Echaré raíz, hasta hundirme en lo cotidiano,
Pero… el tren me llama,
Ruge para mí,
Emana vapores por mí,
Abre sus puertas para mí,
No me deja quieta,
Me hace viajera, trotamundos,
Escritora, cartógrafa,
Rellena de curiosidad,
Con domicilio por saber,
Solo tengo una certeza:
Mi boleto lleva hasta la última estación.

LïzRA


DESDE LA VENTANILLA DE UN TREN

El tiempo se enreda entre los hilos,
En renglones y callejones olvidados,
Cangrejos que se aferran a las olas.

Encorvada,
casa y prisión caracol,
Tortuga y caparazón

Las nubes se resisten a llover,
Caprichosas y sonrientes
se quieren
Entre luciérnagas verdes.

Desde la ventanilla de un tren,
el vaho matutino
Y el chocolate caliente.

Las olas del sueño
Empujan a la vigilia,
Como a las orillas
de una ciudad perdida,
A la orilla de un árbol,
Posando para la foto verde.

Tonantzin Rodriguez


DESDE LA VENTANILLA DE UN TREN

Gente sin prisa,
gesto de amor a la tierra
en los rayos de la luz
reflejado.
La mujer avanza con su maleta.

Quietud desocupada,
rio paciente con su fluir.
Los viajeros doman el caballo sin nombre,
amantes semidioses,
como Céfiro cubriendo de nubes
la tierra y el mar.
Un comerciante ofrece chocolate caliente.

Caen las horas como pendientes de oro,
embellecen faraonas en el valle sagrado,
se turba el agua del color lapislázuli
pero aquí en la estación
hacen llorar a las glicinias.
El revisor se acerca con su máquina
y el cielo se tiñe
desde la ventanilla de un tren.

Laura Maria Trat


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