EN ALGÚN SITIO DE LA HABITACIÓN VERDE

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EN ALGÚN SITIO DE LA HABITACIÓN VERDE

Voz del pueblo , no quiero escucharla,
voz que grita hambre, no, no abras la ventana,
que escucho el clamor.

No abras, que entra el sol, si no puedes con la oscuridad
sal fuera,pero por favor no abras.

Kilómetros de pisadas, clamor de ponchos rojos,
revolución de las coyas, no, no quiero escuchar.

Prefiero callada sonreír, secar la memoria,
retorcerme sin dar un paso,
no llamar, no intuir, no.

Quise verde en mi habitación,
cuando el tiempo era aromado de pinos,
hoy es negra mi habitación, sin ventanas,
no sea que los niños rotos me convoquen.
¡Aquí estamos, siempre fuimos víctimas!

El caracol del oído zumba,
despedazado, Edipo se quitó la vista
para no contemplar el aullido.

No podré.
los versos se cuelan por las rendijas,
como pequeñas sierpes , los gritos los escucho,
legan a mi, creí que podía, te pedí mil veces,
cierra, cierra.
Ahora sé que los versos de los poetas del pueblo
se cuelan por las arenas de mi piel,
tiemblan , hacen temblar las calles con fieros rostros
reclamando esta vez como tantas la pequeña porción del mundo, de su mundo, aquella que les corresponde.

Ana Barletta


 

EN ALGÚN SITIO DE LA HABITACIÓN VERDE

Corazón de hoja,
fibra ondeada al viento planetario
resoplado de cumulus,
fluida savia
zanja las nervaduras de esta verde habitación.

Mezclada entre polvo y deseo,
una bailarina delicada, danza
en la sinfonía de hojas de colores tiradas en el suelo,
esparce su aroma de aurora,
resplandece en rosas, violetas y rojos diamantes,
destilados en el surco de la espalda,
curvatura del planeta,
ofrecida en prenda
a la mirada amorosa,
a las fauces salivantes
de lobos y ocelotes,
cánidos errantes del Yukón,
perenemente nevados,
boreales cual montañas
anidadas de ninfas y hadas,
alegres, juguetonas,
simples mujeres entregadas
al azar.

En algún sitio de la habitación verde
expiró y cierro mis labios,
vacua y disponible,
entre mandrágoras y helechos,
monsteras y biznagas,
florestas y paramos
acaecen al declinar el sol,
con el mundo agotado,
sopesado en la incerteza, en el delirio de los días,
sumergido en el tic- tac que no deja de sonar.

Brújulas y escalpelos me aguardan,
disectamos anatómicamente una espora
dispersa y superviviente,
multicelular.
Perderse en la habitación verde es necesidad,
como necesario es huir y retornar,
y la luz de esta mañana,
y la esencial respiración,
y la celebración de estas líneas,
eco que traslada voces de una vida.

LïzRA


 

EN ALGÚN LUGAR DE LA HABITACIÓN VERDE

En esta tranquilidad y frescura
donde se hieren los pinceles,
las acuarelas se rebelan
y ya me hablan en francés.

Las veo moverse, deshidratadas por el calor,
aún respiran en ese color de frescura.
Miran por la ventana:

Los reyes siempre se han besado en los jardines;
desde ahí se pinta una leve sombra.
Cuando la memoria se aventura en la historia,
conviene estirar el lienzo
hacia los manzanos que regalan frutos
al que los mira con sensualidad y paciencia.

Algún fruto ya está maduro y brillante
tan bien colocado en su rama
que mis pinceles se excitan.
Listo para tomar su entrada
en la boca de alguien sediento de vida.

Atisba un romance,
a veces pesa en las manos,
como la imposibilidad de soltar el pasado.

En estos jardines se han enterrado a sus muertos.
Viven aún en sus corazones,
y sus obsesiones ascienden en forma de lágrima.
Desde la tierra interfirieren en la vida de los vivos,
desviados de su deseo, truncando sus decisiones.

Verde que te quiero verde
en esta plaza cristalina
de azucenas y jazmines.
El duelo tiembla en su metáfora:
color de la materia rendida
y la vida entrelazándose,
memoria en tránsito,
matices de color que acompañan al caminante
hacia su transformación.
La imperfección es humana,
el abismo la acompaña.

¿Qué jardín me está doliendo,
qué tono de verde me habla en francés
en este jardín de magnolias?
Una mesa de pong pong en un jardín,
que ya en desuso quedó grabada
en la memoria de una niña
frontera entre dos mundos,
uno de color verde donde todo florece,
y el otro marrón donde el silencio
se hunde en la tierra,
tonalidad que un día será ritmo,
huella inevitable de haber sido humano.

Mariví Ávila


 

EN ALGÚN LUGAR DE LA HABITACIÓN VERDE

Era nuestro sin saber de quién,
míralo bien
desde la altura de tu sol lejano.
Un columpio sobre el techo estival,
un recuerdo desordenado
sacada a la sombra del pasado
para dar luz al frío roce de tus palabras.
Palabras de niño susurradas
como un cuento demasiado cercano
que se estrecha sin fin
hacia las cumbres festivas
de esta habitación,
verde habitación,
que es mi corazón
en primavera.

Laura Trat


 

EN ALGÚN SITIO DE LA HABITACIÓN VERDE.

Allí las mujeres inundan la escritura,
que los hombres interumpen con martillos,
algún rincón me será reservado
en los trópicos de Henry.

El reflejo de sus piernas
en las piscinas vecinales,
mezclan amarillos y azules
en las fachadas del mar.

Treinta y ocho grados de espejismos,
en la apirexia del verde,
aparecen los paréntesis
para el amor sin analgesia.

En la sombra de los salones
entran los cipreses,
por cortinas de hojarasca,
tocando las vitrinas con sus copas.

El extremo de los pasillos
exhala infancias ocultas,
en la latencia de los mediodías.

Con la piel en la piedra
de los anfiteatros,
puedo escuchar los veranos,
de los amores futuros.

Tampoco los delirios
saben nadar,
los sueños flotan
en la superficie
de deseos oxigenados.

En las habitaciones abisales,
algún sitio anuncia,
la fotosíntesis de los cuerpos.

Mónica Herrero


 

EN ALGUN SITO DE LA HABITACION VERDE

En algún sitio de la habitación verde
hay un frío inmenso
y surge en ese momento
el sentimiento de extrañarte.

En algún sitio de la habitación verde
hay un lugar donde se encuentra un conocimiento
en ese momento
puede entenderse mi sentimiento de extrañarte.

A veces
esos dos sitios se parecen a la guerra,
y no quiero ganarla, esta vez.
En algún sitio de esta habitación hay una llave.

Será preciso no usarla,
si no la uso, la llave es mía,
caso contrario
seré la esclava de la llave.

Arelis Juárez


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