HÉCTOR ROJAS HERAZO

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Héctor Rojas Herazo nació en Villa de Santiago de Tolú en el departamento de Sucre en Colombia el 12 de agosto de 1920 y murió en la ciudad de Bogotá, el 11 de abril de 2002. Estuvo influido especialmente por la poesía de Juan Ramón Jiménez y por la tradición lírica española. Los poetas “piedracielistas” buscaban recuperar una poesía más lírica, musical y centrada en la belleza, alejándose tanto de la poesía política como de ciertas tendencias vanguardistas de la época.

SELECCIÓN DE POEMAS

CREATURA ENCENDIDA

No es solamente el flujo de la tierra
lo que ha de herir el vidrio de mis ojos.

No es este gasto de sudor y lodo
ni esta ceniza que me puso un nombre
lo que he de combatir y me combate.

Es mi propia creatura, mi sonido de siempre,
mi forma de estar vivo aunque no tenga
un cuerpo qué gastar
o un tacto entre los dedos.

Es esta furia mía de saberme encendido,
de tener claridad,
de ser zumbido,
silbo de Dios,
silueta diferente.

De estar dentro de mí constituido
para seguir arando sin arado,
para seguir tejiendo sin aguja,
para tener un poco de mi ruido
disperso en un rincón o en un suspiro.

Es esta firme cantidad de esencia
para sufrir, para escanciar destino,
esto que me suplica y me conoce,
que madura mi luto desde siempre.

Este saber que no hay descanso,
ni agua para apagarse,
ni polvo que nos cubra ni deshaga.

Somos esto, sepamos, somos esto,
esto terrible y encendido y cierto:
algo que tiene que vivir y vive
por siempre sollozando pero vivo.

 

PRIMERA AFIRMACIÓN CORPORAL

Dulce materia mía, lento ruido,
de hueso a voz en nervios resbalando.

Tibia saliva mía, espesa mezcla
de mis células vivas y mi lengua.

De sigilosas venas, de sonidos,
por extraños follajes amparados,
mis dos brazos irrumpen, mis dos brazos,
ávidos de tocar, de ser externos,
como dos instrumentos de agonía.

¡Y tanto muro para tantos besos,
para tantas miradas y tobillos
para tanto plumón y cabellera
al viento somatén dolido y frío!
Este soy yo. Lo sé, lo reconozco,
lo dicen mi volumen y mi sombra,
lo repite una casa y una aldaba,
y un vientre azul lo esparce por el aire
a otras narices y rodillas solas.

Este soy yo. Lo digo con mi fuego,
lo afirmo con mi olor y mi latido
y la luz de mi traje lo pregona.

Ahora soy de cartílago y rocío,
de tarde, de vainilla y cementerio.
Un hombre oculto, un hombre que camina,
un pueblo celular, desconocido,
con hígado y pulmón tras su mirada.

¡Con tanta rosa viva, tanta luna,
tanto ruido bramando y yo tan solo!
Yo solo aquí, miradme, entre mis huesos,
embutido en mi piel y mis maneras.
Náufrago de mi sangre.
Responsable de un pecho y una risa,
apretado de nombres y temores,
con orejas corriendo atolondradas,
con suelas que deshacen la madera,
con hambre de vivir y ser vivido,
con hambre de gritar y que me entiendan
los lirios, las monedas y las tapias.

Este soy yo, lo digo simplemente:
un hombre que se muere por la tarde
para encender al alba su garganta,
un hombre que conoce sin saberlo
a todo lo que vive y se incorpora,
a todo lo que muere y resucita,
a lo que duerme entre la sal y el cielo.

No me pongan un rótulo.
No le pongan color a mi destino.
No me pinten de azul o de amarillo
o de rojo encendido o verde mora
el sudor de mi axila o mi cabello.

No pongan a derecha mis sentidos
ni a izquierda mi dolor y mi sonido.

Yo soy de aquí. De aquí, de donde piso,
de donde crezco y muero,
donde tiemblo y espero,
donde tengo parada mi estatura
y mis cinco sentidos verticales.

No me llamen, siquiera, por un nombre.
Llámenme simplemente
como se llama frío a lo que hiela
o fuego a lo que quema
o viento a lo que esparce y multiplica.

Porque ésto soy, no más, esto que miran
sufrir aprisionado en el vacío:
una mezcla de sangre, hueso y nada,
de agua sedienta y anhelante frío.

EL DESEO

El deseo es vegetal
pide caminos
aire
quiere temblar en fruto
suspenderse
pide un cuerpo abonable
pide un labio
pide comer y ser comido
quiere
entrabarse y gemir con ramas duras.

Gime por ser
quiere temblar
sentirse
palparse desde dentro
saberse entre las cosas respirando.

Quiere el viento y el ala
quiere el día
quiere el follaje de su fuerza obscura
brillando entre la luz hoja por hoja.

Es vegetal por eso:
por su destino de tiniebla y cielo
porque rompe y emerge
porque sube
porque la muerte sufre con su anhelo.


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