ESTE BARRO QUE ME CONFORMA…

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ESTE BARRO QUE ME CONFORMA…

Este barro que me conforma
está atrapado aún en huellas de antiguas lluvias.

Fantasías eróticas, con máscara de lobo,
atraviesan en silencio mi vetusta antesala.
Las más bizantinas, las imposibles,
se materializan de pronto ante mis ojos,
como visitas convocadas
desde una habitación sin ventanas.

Cuando la máscara no logra explicarse,
un desconocido vestido de negro azabache
me hace cruzar la penumbra.
Sus botones metálicos iluminan
mi pantalón de cuero
que ajusté una tarde gris de plomo,
para que no me atropellase la noche
en picardías.
Después reconocí que se trataba de mí misma.

Mientras la penumbra avanza,
libero a la criatura que escondo bajo la piel,
mi parte más reprimida,
la hambrienta de aire.

Sin arrugar el rostro,
sin apenas rubor,
descubro la llave.
Humea el perfume de Eros
como aliento de la tierra,
después de las lluvias,
rozándome.

Acepto para escribir este poema,
que lo que busca mi piel
ha habitado aquí desde siempre,
como máscara enterrada,
en este barro que me conforma.

Mariví Ávila


 

ESTE BARRO QUE ME CONFORMA

Miedo y piedra del camino
fuego y siembra en el destino.
Me enseñaste a entender la lluvia,
entendí que el cielo y la piedra
se tejen en el mismo telar
y que este barro que soy
es una mezcla de vísceras y sangre
con turbulencias de sedientas manos.
Sedienta, siempre sedienta, del barro que me forma
y me conforma.
¿Puedo conformarme?
Conformarme con unos ojos para tocar el amparo de la tierra.
Unas manos para ver que un pájaro en un árbol
es más valioso que un dólar en una mano.
Los oídos, para oler tu pelo,
para tocar tus lunares y sentir tus tersas vísceras.
Conformarme con unas piernas de caminante
que treparon los árboles para ver más alto,
cada vez más alto.
¡Qué bonito veo el horizonte desde esa altura!

Formar con, formar con otros,
transformar la rígida piedra
en hermosa escultura de palabra

Ana Barletta


 

ESTE BARRO QUE ME CONFORMA

El verano me pasa
cada vez que sueño de día
y, aunque no puedo ver
más allá de esos robles oscuros,
sé que vivo feliz
en alguna parte del mundo.

Siento en la planta de mis pies
una verdad de puro barro
y no me hundo, ni me lo pienso
porque en el centro de la tierra
la historia se funde.

De donde he surgido no volveré,
me haré amiga
de cada cuál que se levante:
de barro soy, de barro seremos,
una amalgama de semillas
que para brotar se juntan.

Laura Trat


 

ESTE BARRO QUE ME CONFORMA.

Olores naturales debajo de los pinos,
suelos inestables con los enebros salientes,
raíces laterales aprietan las capas,
somos frágiles debajo del agua.

Cicatrices que curan con el frio,
otoño mordiendo las manzanas,
tentaciones para salir del fango,
que estanca la vida a sorbos.

El mar me empuja a volver,
esperando en la orilla,
dejo de dar vueltas en los embalses del miedo,
donde los peces abisales se comen la piel de los tibios.

Saltos de gorrión calientan las alas,
principios de un vuelo incalculable,
mientras los osos hibernan,
los animales pequeños inundan los sueños.

Hay lentitudes que dejan crecer,
octubre empuja la tierra
reiterando las hojas para ver el sol
que acuna las vísceras del amor.

Confundo los armarios,
guardo los miedos desérticos a la soledad,
por el abrigo de las amistades.

Un verano de girasoles ciegos,
apagado por la lluvia cálida,
rozándonos las manos
en un fuego interior de palabras compartidas.

Retraso las horas
para hacerme esperar.

Mónica Herrero


 

ESTE BARRO QUE ME CONFORMA

I
Tus manos amasaron arte.
Tengo mi mente capturada por mil imágenes que juegan como en un sueño.
No encuentro palabra.
La muerte arrebata algo de mi alma.
Un instante y el silencio sepulta el aire,
los colores se eclipsan,
camino sin rumbo.

II
Ante turbulenta corriente interna, en el mientras tanto del camino, una imagen me despierta.
La quinceañera, con su vestido de princesa y tacones de cenicienta, buscando el mejor ángulo, para fijar la imagen en el corazón del icónico barrio limeño frente al mar.
Con todo el esplendor y desenfado de su decisión triunfante: frente en alto y orgullo juvenil que captura en un instante el deseo hecho realidad.
Imagino detrás de escena a la familia invirtiendo la mitad del sueldo en el alquiler del atuendo y la otra mitad en el fotógrafo especializado -ese- que hace eterno el presente.
Foto que provocará narrativas impensadas, atravesará las redes estimulando comentarios y alimentará la memoria de futuras generaciones. Nutrirá imaginarios, alentará deseos, despertará nostalgias, encenderá reivindicaciones.
También observo en esa imagen luminosa el contraste, la sombra y el abismo sobre el cual esta incrustada.
Es un gesto político el de esta adolescente y su familia, que se ha desplazado de su terruño para tomar posesión del lugar exclusivo y excluyente para muchos.
Queriéndolo propio y sintiéndolo ajeno, realiza un sueño en gesto disruptivo, atraviesa en grito silente el tiempo y el espacio, implantándose como escultura frente al mar.

III
Así eran tus manos amiga artista
Caminabas por los suburbios y en las márgenes descubrías la belleza
Recogías lo olvidado o desechado
y creabas esculturas, cuadros, alhajas
convocabas la mirada asombrada
y alumbrabas nuevos sentidos.
Plasmabas – como estas letras hoy –
una historia que busca ser contada.

María Julia Ardito


 

ESTE BARRO QUE ME CONFORMA

Es el barro de todo
y todos,
el que me une al gato, al caballo,
a la medusa,
al astro milenario,
al sentir más profundo.
El barro del átomo
más infinito
el que une al niño
con el búfalo
al planeta con la ameba.
Este barro que
nos une a todos con todo
en el continuo cambio
del universo.

Fue roto el barro
el camino fue deshecho
congelados los deseos,
la arcilla de los sueños
moldeada de guijarros traicioneros,
estupor en la mirada.
El barro infiltrado
por el logaritmo fraudulento.

Una niña juguetea
en un paisaje amarillo
De repente para,
su atención captada
por un trocito de metal,
lo recoge y examina
perpleja …
cree recordar un pasado
un vestigio de algo ya extinto.

Lo deshecha …
y vuelve a sus cabriolas
en el cálido aire
de un amanecer.

Carmen Aros


 

ESTE BARRO QUE ME CONFORMA.

Teníais que haberme visto.
De joven,
Yo era extraordinariamente guapo.
Aquel viaje a Londres,
Qué ciudad tan divertida.
Conocí a Magan en la disco, y
Rápido empezamos a besarnos.
Me dijo que tenía quince años,
Pero mentía: tenía catorce.
Magan era de Malmö, lo podéis ver en el mapa.
Nos dimos besos por toda la ciudad,
En los parques,
En los pubs,
En las discotecas,
En los conciertos.

Luego, cada mochuelo a su olivo.

Nos escribimos muchas cartas,
Each other.
Pasaron años sin vernos, pero…
¡nos volvimos a ver en Ginebra!
Magan era otra y yo era otro…
Barros más hechos.
Besé sus diminutas tetas y su ombligo.
La piel de Magan olía a limones y
Los pelillos rizados de su sexo
A mujer hecha entre las inglés.

Pero nuestro amor era un pozo imposible.

Magan se fue a vivir a Australia,
Tuvo una hija en Australia,
Se casó en Australia y
Se divorció en Australia.
Yo también me casé
Y tuve una hija, en España.

Habíamos Magan y yo guardado nuestras vasijas en la despensa, pero el «asunto» se retomó vía fb.
Sonó su voz y mi voz:
«Oh, Magan, Magan, how are you?
So many time without see you»
«Manuel, I’m depressed, my husband…»
«Don’t worry, Magan…»

Magan vino a España. En Barcelona, solo una tarde,
Vino con su nuevo amante.
Yo quise ser respetuoso, pero
Magan me dio un enorme besazo
En mi boca cafetera.

El barro seguía su camino, inexorable.
Un año después,
Volví a ver a Magan, en Madrid.
Vino a mi casa, ¿te imaginas?
Se la presenté a mi mujer y a mi hija.
Se pusieron a hablar entre ellas. Me obviaron.
Mi hija se enamoró de Magan,
Tan elegante y atractiva y con tanta personalidad la contempló.
Yo procuré conducirme como un hombre maduro; mi mujer estaba tímida y al margen, y Magan se reía mucho.
Yo fingía ser maduro pues me sé infantil de siempre, sí, muchas veces me han acusado, mujeres, de ser infantil, y Magan era infantil, dos vasijas de barro infantiles, tontas, gozosas de verse otra vez.
La verdad, éramos ya dos cántaros. Nuestro barro había endurecido, había perdido brillo.
Y no era posible llamar al alfarero porque el alfarero había muerto.

En El Corte Inglés de Callao,
Viendo discos de vinilo,
En la segunda planta,
Magan y yo nos volvimos a besar.
Nos dijimos que nos queríamos.
«Te quiero, Magan», yo dije,
«And I love you, Manuel», dijo Magan.
Y Magan se fue otra vez,
Y tengo noticias suyas por las redes. De lo último que nos dijimos, fue:
«Hace medio siglo que nos queremos». «Así es», dijo el otro.

Un enjambre de palabras se ha dejado caer como una nube de color gris o casi negro.

Esta mañana me he mirado en el espejo, soy este barro que me conforma.
No pienso en Magan.
Pienso en mi mujer,
Pienso en mi hija,
Pienso en mi gata.
Mi mujer
Es un cántaro
De agua bendita.
Al otro lado de la casa me grita:
«¡Vamos luego al Doré, a ver una de Katherine Hepburn con Henry Fonda, muy buena!».
«¿Al cine?», contesto yo, «pero…, ¡con la cantidad de cosas que tengo yo que leer, y tengo que ir al cine…!»

Manuel Diaz


 

ESTE BARRO QUE ME CONFORMA…

Este barro que me conforma
con sus poros y sus grietas.
Con su fuego en el planeta
y sus inviernos que no cesan.

Voces que se apagan
interruptores voraces
Ideales amenazados
manos que se vuelven puñales.

¿Dónde el hombre?
¿Dónde el verbo?
Espadas, siempre espadas.
Silencios, siempre silencios.

Las manos se vuelven puñales.
La tierra
la tierra que siempre gira
con lo que muere y con lo que nace.

Yo volveré
de mi tierra sangrienta,
de mi invierno enajenado
al verbo compartido.

Pisaré los montes
con su hierba recién nacida,
jugaré cara al sol
como quien ha conocido el olvido.

Perdónenme
Yo quería hablar del barro
y se me escapó
el hombre.

Arelis Juárez


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