
«No cederé en el combate mental, no dormirá la espada en mi mano.»
John Milton
La escritura sin violencia implica dejar que las palabras fluya sin la intervención de la conciencia, lo que puede ser un desafío, ya que a menudo estamos acostumbrados a controlar cada aspecto en nuestra vida y trabajo creativo.
Cuando escribimos sin violencia, sin la necesidad de controlar o manipular el resultado, permitimos que la belleza y la verdad se manifiesten a través de nuestra escritura.
✨“La eternidad está enamorada de las creaciones del tiempo.»✨
Esta frase corresponde al poema Milton, de William Blake, que pudiera muy bien interpretarse como una referencia a la intervención de algo divino o espiritual, una fuerza superior en el proceso de creación artística, suena interesante, ¿verdad?
La mitología griega hace mención de las musas, consideradas diosas de la inspiración que presidían las artes y la literatura. Se creía que ellas intervenían en el proceso creativo, ofreciendo inspiración y guía a los artistas, poetas, músicos y filósofos. Cada musa estaba asociada con una disciplina específica, como la música, la poesía, la pintura y la danza.
Como Blake y los griegos, Freud también estimaba a los poetas como conocedores de cosas existentes en el cielo y la tierra, decía que estos se hallan muy por encima de los hombres vulgares, ya que beben de una fuente de la que la ciencia no ha tenido acceso, advirtiendo también la intervención de lo psíquico en la escritura creativa.
Podemos concluir que esta conexión del orden divino, mágico o sobrenatural que interviene en la inspiración del artista, va más allá de lo individual y se origina en una fuente mayor.
Te invitamos a reflexionar sobre su propio proceso creativo y a abrirte a la posibilidad de una conexión más profunda. Los talleres de poesía Grupo Cero son un vehículo para conducirte hacia la escritura creativa, junto a grupos de otros estudiantes, donde encuentras un entorno amigable para expresarte libremente.
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Para más información, puedes contactar a nuestra coordinadora, Helena Trujillo Luque
¡Pero con urgencia!
Casi sin voz
Con mi cuerpo nuevamente marcado
Y sin fuerzas para respirar
¿Hasta cuándo tendré que migrar?
Extranjera es mi sello
Mil lenguas en mis labios
Otra travesía más
El océano es mi cuna
y la prisión mi guadaña
Brazos aliados me abrigan
Afectos probados me besan
curan mis frescas llagas
refrescan memorias libres
– Agónica espera –
¿Será esta tierra mi refugio?
No callo
Aunque mi Voz se inclina cansada
mi palabra firme y erguida
proclama libertad
María Julia
ESCRIBO SIN VIOLENCIA
Los techos de las casas, cubiertos con tejas anaranjadas, se combinaban con el gris y azul del cielo, con las copas verdes de los árboles, adornando un paisaje que pronosticaba la tormenta de los días siguientes.
La gente se preparaba, llenando sus alacenas para resguardarse del frío.
Otros aprovechaban para dar su caminata rutinaria antes que la lluvia mojase la tierra. El viento hacía mover las ramas de los árboles y había que caminar con fuerza para poder avanzar. Ella había salido en busca de capturar paisajes, miradas, instantes que se pierden y quedan en el registro de la memoria, transformados; pero no importaba, ella tendría la huella de esos acontecimientos.
¿A lo lejos, escuchaba un sonido musical, pensó si deliraba? No lograba vislumbrar
absolutamente, nada, pero el sonido insistía y aceleró el paso atraída por aquel sonido que le sonaba a música tropical. De pronto logró ver a una pareja de músicos, cada uno tocaba su instrumento musical, uno de ellos el tambor, otro el piano. Ambos habían sobrevivido a algunos avatares de la vida. Él, había sido cantante de un grupo musical que se había desintegrado.
Ella, exiliada de un conflicto armado en su país.
Ambos no estaban preocupados por la tormenta que se avecinaba, ni por los enseres del
hogar, como toda la gente del pueblo. Querían alegrar el momento, hacer sonreír a un
caminante meditativo, calmar a un afanado atleta que corre y corre sin saber detrás de qué, o quizás regalarle una panorámica, una imagen a quien buscaba los instantes precisos que le pudieran ayudar a escribir su primer verso, olvidando el dolor, la ausencia, los besos dados, los no dados, la rabia de las injusticias y escribir entonces aquellos que fueran sus primeros escritos sin violencia y sentir que tal vez todo fue necesario para aprender a vivir.
Arelis Juárez
ESCRIBO SIN VIOLENCIA
Escribo cuando las sobras infernales despiertan,
escribo con esa gota de sangre,
nazco en la angustia, en estos pequeños versos,
sin violencia, sin perderme en ellos.
Acudo al hontanar de letras,
acudo al acervo humano
para que mi mano vuele
y te traiga una brizna aromada.
Escribir, hablar, leer, sin violencia
es como sembrar en la areca del patio
azahares y camalotes.
Es como buscar en la albahaca
los tornasoles
del ocaso.
Ana Barletta
HUBIERA QUERIDO SER
Mi padre me hacía volar en la palma de su mano. Yo tenía un año y me sentía bailarina, paloma torcaz, albatros oceánico. De pie en su palma la niña hacía equilibrio mientras se oían los lamentos de una temerosa madre.
Hubiera querido ser bailarina, morir como el cisne y de puntillas volar.
Con brazos de pluma blanca, dar brincos de ciervo que alcancen las cimas, los anhelos de la humanidad.
Al compás de infinidad de violines, la orquesta toca mi alma, ya soy Danubio Azul, ya soy Cascanueces, ya he muerto como el cisne.
Ana Barletta
ESCRIBO SIN VIOLENCIA
«No cederé en el combate mental,
no dormirá la espada en mi mano.» John Milton
Escribo sin violencia
atardecer sin espinas
crepúsculo sonoro de estrellas
acompañada estoy
astros piadosos.
Mi espada,
mi pluma
mi campo de batalla,
el papel
palabras
dulces e inquietas
crepitan en él.
Niebla
intento pensar
llegan las musas
revolotean sin cesar
me dicen al oído:
juntas vamos a jugar
vamos niña,
vamos a crear.
Vamos,
enciende la llama
vamos a cantar.
Jeil Parra

