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Imágenes de la ciudad. 2024.21.01

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En esta oportunidad les compartimos, en esta entrega, dos títulos que trabajamos en nuestro taller de poesía Grupo Cero. Uno se llama Imágenes de la ciudad y otro Mis monstruos.

Hemos escogido la imagen de una festividad llamada los Diablos Danzantes de Yare, que se lleva a cabo el día de Corpus Chisti, jueves después, del Jueves Santo en las localidades del Estado Miranda, Venezuela.

¡Disfruten la lectura!

MIS MONSTRUOS

¿A quién buscan ahora estos fantasmas,
que se deslizan por la piel en forma de eczema
piojillos a la hora de la meditación?

¿A quién buscan estos fantasmas, tan de madrugada?
¿Si apenas ha cantado el gallo su onomatopeya
y ellos han iniciado su cri cri?

Pasan confabulados estos monstruos
invasores como hormigas
buscando el pedazo de pan dulce
olvidado en la cocina.

¿Será que son una tribu de fantasmas domesticados
o la costumbre de su compañía
convierte pájaros cantores
en jaulas sumisas?

En la boca hay un misterio
concierto de palabras
creador, defensor, acusador…
están en la punta de la lengua.

Los fantasmas quieren conversar.
Quién fue nuestro creador?

Explora, explora los matorrales
ya se ilumina la caverna
en voces de júbilo
el mundo espera un despertar.

Arelis Juárez

IMÁGENES DE LA CIUDAD

Imágenes de la ciudad cantan a la espera del crepúsculo
la ventana se ilumina,
el sol
ampara la bóveda celeste
el paisaje se tiñe de colores.

Crepitan los grillos
que de crepúsculos nada saben
sublime aparición de un instante.

El café
espera en la mesa
sus ojos
se deslumbran ante tal voluptuosidad
en las esquinas de cielo
por un instante se detienen un el atardecer singular,
de la ciudad de las bestias
donde coloridos y danzantes demonios
esperan el Corpus Christi para bailar.

Jeil Parra

MIS MONSTRUOS

“Alimentamos nuestros amables remordimientos, como los mendigos nutren su miseria.” Charles Baudelaire

Mis monstruos
Vertiginosos aventureros
entre laberintos y minotauros
mis monstruos
alados astilleros.

Sollozante aliento
trémulas hojas
crepitando bajo el ardiente sol.

Azotan
impasibles
al espeso carmesí
emboscado
por aguas amargas, ardientes
sollozantes cascadas
donde brotan aguas de sal.

Olas rompiendo los límites
rocas marinas
esculpidas por el viento
musgos
bestias acuáticas
pululan en el complejo azar de mis tinieblas.

Jeil Parra

A MIA EN SU NOVENO CUMPLEAÑOS

Hoy Mia cumple nueve, por las dudas si no llueve,
compraré una tarta de cielo
un tazón de besos y flores para el pelo.

Florece, mi niña, en los almendros de enero,
multiplica tus nueve estrellas,
multiplica tus nueve soles,
y en tus brillos relumbrarás como miles de faroles.
Sé sirena en este mar, que es tuyo, y busca tu Ítaca
Sé madera noble, árbol protector.
Sé pájaro y aprende a volar
y en cada trago de zorzal herido
encuentra tu trino en el despertar.

Ana Barletta

MONSTRUOS

Sayuki Kioto, es la chica más popular del instituto, su belleza oriental deja atónitos a muchos, por mucho tiempo ella se ha esforzado en ser algo más que una cara linda, aunque sabe que ello le proporciona ciertos privilegios que ha aprovechado cada vez que se le presentan. Sayuki proviene de una familia japonesa tradicional, sus padres tuvieron que emigrar al nuevo mundo y se asentaron en Argentina, así que Sayuki aprendió a hablar español desde pequeña, es una alumna destacada y sus compañeros la parecían por la entrega que muestra y la pasión que pone en hacer las cosas, se la considera una chica madura y paciente, en el colegio le apodan la Geisha, aunque no se lo dicen directamente, ella sabe que así la nombran.

Cierto día Sayuki Kioto caminaba por una vereda de Belgrano, como otros días se apresuraba a su clase de canto, últimamente esta había sido su afición y sentía que cada día lo hacía mejor, quien la escuchaba decía que sus armónicos eran prodigiosos, incluso cuando se presentó en un concurso de canto amateur se ganó el primer premio y el aplauso de pie por parte del público, Sayuki es perfecta, es la envidia de las chicas, quienes la miran recelosas de la independencia que proyecta.

Sayuki todos los días va de un lugar a otro, tratando de ser mejor cada día, de superarse a sí misma, duerme hasta tarde para cumplir con todo lo que se propone para su jornada, su comida es balanceada, cuida de su cuerpo porque es su templo, ella sabe que siempre puede dar un poco más de su esfuerzo, terminar exhausta por la noche y volver a comenzar mañana.

Leonel Salvarrey, vive en la Matanza, asiste al mismo colegio que Sayuki por que al terminar el secundario ganó una beca que le permitía seguir sus estudios, su vida no es sencilla, pero se las arregla bien, es un crak del futbol y recientemente ganó el torneo interuniversitario con su equipo.

En el recital de fin de año conoce a la Geisha y queda deslumbrado, nunca creyó que le gustaría una mujer oriental, pero este encuentro le ha impactado, desde ese día solo piensa en como acercarse a ella, la mira a lo lejos, pareciera que la estudia, pero él mismo sabe para sus adentros que esa chica, por lo menos para él, es inalcanzable, se ha pasado días pensando en que le falta mucho para llegar a ella, además, cada vez que se cruzan por el camino ella lo ignora, no se da cuenta de su presencia aunque él genere pequeños accidentes para llamar su atención.

Hoy se cruzaron nuevamente, pero esta vez Leo notó algo raro, Sayuki siempre va concentrada, es más, parece que va caminando, pero su mirada se nota vacía, le parece que en realidad no va mirando nada y que avanza en automático como con un trayecto prefigurado, sin salirse de la ruta, además no sonríe, qué curioso, tampoco recuerda haberla visto con amigas cuando se la encuentra fuera del colegio, eso hace que se acreciente su necesidad de saber más de ella, pero le teme, una chica como ella, con un chico como él.

Por azares del destino coinciden en una heladería, ella está sola como siempre, él camina con dos chicos de su barrio, son amigos desde niños, la mira, pero ella no a él, parece impenetrable, se siente desesperado, pero con una sensación añadida, Leo comienza a pensar de sí mismo que no es atractivo para Sayuki porque le falta algo, no sé, tal vez a los orientales no les gustan los pelirrojos, o las pecas de su piel blanca son desagradables, o es la forma de su cuerpo o que a veces el acento cordobés que heredo de sus padres le delata en su origen, o ¿es porque vive en el conurbano? O ¿por qué sus abuelos trabajaron en la fábrica de sebo y sus padres no estudiaron?, ¿Qué es lo que le falla? ¡Es la cicatriz en su frente!, eso es, ¿pero cómo lo supo? Si apenas se nota y él tiene vagos recuerdos del accidente, era muy chico y lo único que tiene en la cabeza de aquello es que dolía mucho y no paraba de llorar, quizá Sayuki sabe todo esto porque es algo que Leo no puede ocultar, se le ve en la cara y ella lo notó y entonces él no le interesa, saberlo le hace sentir el más desdichado de todos.

Los exámenes se acercan y ese día por cuestiones del tiempo, del espacio, de un gesto de piedad de Dios, Leo y Sayuki coinciden en la biblioteca, esta vez él no crea un accidente como de costumbre, está apesadumbrado, agotado, la mira, pero parece que no está emocionando como antes, esta vez ya ni quiere mirarla, toma una mesa y coloca los libros de su consulta, comienza a escribir y se hunde hasta perderse en lo que las letras del libro le muestran, el mundo desaparece Sayuki incluida en él, pero esta vez algo ocurre, Sayuki concentrada como siempre pierde el equilibrio al tropezar con una silla mal colocada, los libros que lleva en la mano caen y se hace un alboroto, uno de los libros pega en un pie de Leo, el golpe lo despierta, no entiende bien lo que pasa, pero cuando dirige la mirada al piso se encuentra con Sayuki, doliéndose, tomándose la rodilla con las dos manos, Leo se acerca para ayudarla, le apoya para que se levante, contrariada, la chica se sacude y plancha con las manos su ropa, trata de reordenar los libros en el orden alfabético en que los traía y cuando los tiene le agradece a Leo por asistirla, no le da la mano porque había tocado el piso lleno de microbios, él devuelve una sonrisa y ella responde con lo mismo,
creo que ahora sí tenían algo de que hablar.

Y hablaron, la conexión fue maravillosa, ambos quedaron impresionados el uno con el otro, no se puede creer la manera en la que se han descubierto y por fin sienten que pueden pensar en un futuro con alguien, después de conversar han quedado para una cita, por alguna razón ambos se sienten aliviados, ese primer encuentro es excepcional, se van a casa contentos e inquietos, deseosos de la siguiente vez, al llegar a sus casas intentan relajarse, rememorando las palabras, los gestos, los detalles de la plática, ambos en sus respectivos lugares comienzan a pensar, lo primero que apareció fue la fugacidad del tiempo, algún día tendrían que morir, primero uno y después él otro y si tenían suerte tal vez los dos a la vez en un accidente en la ruta, y que pasaría en el momento en que tuvieran que hablar de su pasado, ¿Qué diría Sayuki de su familia migrante? ¿De las condiciones en que ella y su familia salieron de Japón?, al mismo tiempo Leo pensó que tendría que presentar a su familia, y ambos pensaron al mismo tiempo que tendrían que mostrarse mutuamente sus mundos, que contarse sus fracasos, y ambos pensaron que uno de los dos se cansaría primero, que uno de los dos mentiría primero, y cada uno en su casa dejó de sonreír, y siguieron pensando que uno de los dos reñiría primero por algo, que uno de los dos levantaría la voz, que uno de los dos se dejaría caer en las tentaciones, y que comenzarían a encontrarse más defectos que virtudes y se hartarían uno primero y después el otro, y se fueron replegando en sí mismos y los fantasmas los invadieron sin piedad y fue por esto que ninguno llego a la cita.

Liz Ramírez

Te invitamos a ser parte de nuestro taller de poesía Grupo Cero, bajo la coordinación de la Psicoanalista y Poeta Helena Trujillo Luque.

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