Ya no quiero el palacio 2022.11.17

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YA NO QUIERO EL PALACIO

¡Ya no quiero el palacio!
¿Cómo lo podría querer?
El palacio más hermoso es tu alma,
sentir tus ojos en mis ojos clavados,
diciendo sin decir te quiero, mí vida, y mi corazón son tuyos.

Pero no siento el palpitar de nuestros corazones,
sino su alejamiento…

¿Para qué quiero yo un palacio?
¡Quédate con tu palacio!
Ya no lo quiero, no, ya no quiero tu palacio.

El palacio es el entendimiento, la ternura, la sensualidad,
la complicidad que solo dos almas enamoradas se saben dar,
sino, para qué voy a querer tu palacio.
¡Anda y quedate con tu Palacio!

María Jesús Bartolomé


YA NO QUIERO EL PALACIO

Pero imagínatelo:
Escarcha en los escalones
La entrada, alta y amplia
Un viento invernal
suena como mil campanillas
en la profundidad de Siberia,
oscuridad de Siberia.

Cuando por fin decides
dejar atrás,
surge frente a ti
un largo viaje.
Llevarás caminando, no sé cuánto tiempo
por lejanías extrañas, donde
oculta en las entrañas,
la soledad devora
a cualquiera,
por venir.

Hasta que, de pronto,
¡luces!
¡una mansión!
¡reunión de poetas, muertos y vivos!

A tu alrededor aún,
aullidos bestiales,
de tigres hambrientos
con ganas de cazar.
La selva salvaje
está en tu nuca,
su aliento cortante
te hace temblar.

Cuando de pronto te das cuenta
que en una ventana
aparece en el panorama,
Vicente Aleixandre.
Su boca en movimiento
su vista circular
¡Oh mano célebre
se pone a trabajar
y pinta de la selva
un virgen lugar!

Un instante después
el frío te acecha
agarra tu mente
y arranca la mecha.
Pero hay nuevas caras
que ocupan tu mente.
Iluminado, a lo lejos
arden sus reflejos
y llenan con más vida
la quimera surgida.
Rubén Darío apunta al horizonte
y le acompaña la mirada de Antonio Machado.
Con amplios gestos
evocan los restos
que devuelven tu alma
al firmamento ancestral.
¡Oh dedos divinos
lúcidos y firmes,
señalan siempre
hacia la humanidad!

Mientras tanto
aquí,
en la noche sequiza
el loco avanza,
arrastra su sombra y su soledad.
Pero la tierra estéril
no es la misma
si un genio insiste
en contar su verdad.

Laura Trat


YA NO QUIERO EL PALACIO

En paredes transparentes
separadas del suelo firme,
abierta,
mi piel íntegra transpira, supura,
se estremece.

Dentro, el alma vuela en un salón
con doncellas indecentes,
que sacan brillo a los ceniceros…
escupiéndolos primero.

Ya no quiero mi palacio,
ni tantas antigüedades,
ni pulgas entre las penas.

Me iré con los perros lobos
con un vestido de seda.

Quiero ser una señora
de lujosos malos modales,
que mastique las palabras
sin ponerles delantales.

Y se me caiga la baba
cuando me pidas un vals.

Ya no quiero mi palacio,
ni ensayarme en los espejos.

Quiero estar conmigo siempre.

Sin tener que irme muy lejos.

Mónica Herrero


YA NO QUIERO EL PALACIO

Ya dejé de soñar, desperté de pronto y me ví en aquella jaula, era de oro, parecía Palacio y era de bronce, de gran valor, pero era una gran jaula, de mucho estirpe, pero era una gran jaula que se me hacía angosta y yo quería volar.

Ya no quiero el palacio, ya no quiero más brillo, solo quiero volar.

Soy un pájaro herido que solo quiere volar.

Ya no quiero el palacio, no me ruegues amor, ya te lo di todo, solo quiero volar.

Ya no quiero el palacio, ya no quiero más brillo, ya te lo di todo, solo quiero volar.

Amalia Rondón

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