Selección de poemas destacados 2022.11.07

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CARILDA OLIVER LABRA

Antología de la poesía heroica y cósmica

ELEGÍA POR EL ABUELO DEL RETRATO

Ahí sigue su retrato desvaído:
el mentón caminante,
y ese algo de noviembre despedido
saliendo de la frente sollozante…


Regaba primaveras por el lodo
con sus dos manos rudas:
ah, las estrellas que plantó desnudas
y los sueños que trajo con su modo…


Tenía luz detrás de la sonrisa.
Se arrepintió las alas en el pecho.
Lo dice su precisa
vecindad de cartón sobre mi lecho.


Y tenía mi misma sed de luna
caída sobre el hombro,
mi corazón nupcial de lirio y tuna,
y acaso este dolor que nunca nombro…


Él habita quizás en cada noche
el rincón más humilde de la brisa…
¿Quién no conoce el broche
de silencio que puso a la ceniza?

Ahí sigue su retrato desvaído,
hecho de sal, de cosa agonizante;
viniendo del olvido,
dejándome una lágrima importante…
Como mirando siempre una paloma,
entretenido al fin en su desvelo,
desde el cristal se asoma:
yo no le conocí… Era mi abuelo.

De Al sur de mi garganta

CANTO DESBORDADO

Voy junto a mis huesos:
es un modo muy triste de andar en compañía…


La tierra esta húmeda de mí.
Vivo de oscuridad, como la estrella,
queriendo ser la misma que no soy…


Me acuerdo de cosas que a nadie le interesan,
de raíles que no sirven ya para los trenes,
de huérfanos con cloroformo,
de casas que nunca han tenido enredaderas.


Es un modo muy triste…
Sí, sobre todo para esta niña que no sabe…


¡Ah, Dios, Dios hecho con los martillos y las salamandras
mira cómo estallo entre mi carne,
cómo me río de no reír de la agonía que me corresponde,
mira como defiendo mi pedazo de cielo…


Haz un rincón de agua y una muchacha encima
que se llame por mi nombre.
Desamparada, como el hilo perdido de una aguja.
Sí, para encontrármela
saliendo del espejo…

Haz una palabra tierna para no decirla,
para no cantarla; que defina lo que se ahoga en el crepúsculo,
en ese instante último
donde ya ni los pájaros alcanzan a ser débiles…


Sí, haz cualquier cosa:
un sitio en que el sol llegue a la sombra,
una lluvia que me salve,
un niño, una perdiz llorando;
algo, algo que se me rompa desde el centro hasta el aire:
algo… para saber de qué muerte me escondo…


Dios esperando en las cucharas;
sí, tú,
suspendido sobre los cancerosos:
haz que él me regale una liga rosada.
Mira que soy de leche, de corazón, de polvo,
de pequeñas células terribles…
Mira que puede nacer de mí la yerba…
Mira que estoy cuidando tus palomas…


Guárdame la sonrisa debajo de los parques,
aunque nunca más me la devuelvas…
¡Échate en mis entrañas…


Es necesario que no piense en el mar;
me sube por el pecho, callándose de pronto.
(Hay algo así en el mar, cansado como esto.)


Ahora me gustaría un refajo de lunares,
una azucena enferma, un sonido naciendo:
algo que me tocara el alma de repente…


Sí, todos lo saben ya, todos lo saben…

Me han visto cruzar, pálida y despierta,
entre esas mujeres que llevan ojos y cintas.
Yo tenía tal vez una ostra en la mano,
y me paraba, casi alegre, en las esquinas…
¡Ah, Dios:
haciendo como que soy,
entre periódicos y flores;
borrándome contigo, simplemente… !

De Al sur de mi garganta

¡QUÉ BUENO!

Qué bueno que mi desesperación fuese prestada,
que yo viviera de libros!
Entonces no tendría que morir ahora
en el almuerzo;
los zapatos no parecerían melancólicos.
La tristeza
podría pegármela como una calcomanía.


Qué bueno que una historia
supiese convocarme
la pena!
Que yo no pudiera arreglármelas
a solas con una lágrima;
que todo ese correo de presagios
me lo trajera la película vista,
el verso que leí.


Qué bueno que mi noche no fuera este ataúd sobrecogido
por donde voy a fines de semana,
que el pan cayera bien sobre mi lomo
y la sangre del mes
viera una estrella!


Es cierto:
soy pobre,
cualquiera me embarra el destino de saliva.


Es cierto:
me escupió la guerra,
he sonreído más con cadáveres que con golondrinas.


Es cierto:
maldije los aviones,
mis hermanos estuvieron en la cárcel,
le compré vitaminas a un condenado a muerte,
el que amo se acuesta con rameras.


Es cierto:
sigo a la sombra de un fósforo renuente.


Corran todos
o les doy con mi trozo de bruma,
con mi espalda,
con mi bárbaro amuleto para espantar la alegría.
Váyanse a freír plátanos,
a cobrar alquileres;
ocúpense de sus domingos.


¿A mí qué me dicen las maldiciones, los mentirosos?
¿Qué me dicen, sí?


Ahora está la ceguera de mi padre,
ahora están mis dos sienes.


Pero váyanse,
yo sucederé contra todos:
desnuda,
poderosa,
impune,
lunática,
y arrancaré de cuajo los documentos.


No importa que desaparezcan canarios,
yo estropearé el compromiso.


No importa que nos den la mala
ustedes.
No importa:
yo los exprimiré uno a uno,
dura y libre,
¡hasta que sea la esperanza!
(1958)

De Las sílabas y el tiempo

ELEGÍA POR EL HIJO DE UNA AMIGA

Este día te he visto con tenues hemorragias,
como un pálido cielo con estrellitas rotas…
Niño de vida rubia y leucemia linfática:
parecías un pobre pariente de la aurora.


Y tuve tanto miedo de saberte en la tierra
y hasta de que tu madre pudiera estar más sola,
que me puse a pensar arriba de mis piernas
en como son las alas de algunas mariposas…


Niño de la mirada miosótica con sueño,
niño de la mirada lejanamente propia:
¡quién fuera el párpado ése cayendo en tu desvelo,
y quién te regalara un canario de goma…


Cuando te sales todo rodando por los dedos
hasta la frente absurda de tu madre con rosas
y le enseñas caricias probables a su pelo,
y ella te ríe un poco desde su dicha corta…
mi corazón aprende a conocerse entero;
entonces casi sé que nunca he sido otra,
y me vuelvo de leche, harina y terciopelo…


Niño de sol presente y retardada brisa;
bebé que se deshace como cualquier cosa:
no quiero ver el trigo llorándose la espiga,
no quiero ver un ángel vestido con tu ropa…


Mira, si tú te quedas…
Ya sé… vas a decirme que te cansas de prisa,
que el mar se muere a gotas,
y que tu tedio tiene un metro de alegría.
Ya sé… vas a contarme de soledad y sombra,
de cómo sabe dulce la luz en despedida…
¡Pero tu madre vive del color de tu boca!


Mira, si tú te quedas, si no te vas temprano…
te doy el beso impúber metido en esta estrofa,
y un algodón alcohólico, y un jabón estrenado,
y un gato tibio y fácil que parezca de Angora…

De Al sur de mi garganta

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