Selección poetas consagrados 2021.06.12

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Cansancio

Oliverio Girondo. Argentina, 1891

Cansado
¡Sí!
Cansado
de usar un solo brazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuántos recuerdos,
grisáceos,
fragmentarios.

Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabré si es el mismo
que usé mientras vivía.

Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola auténtica,
alegre,
desatada,
y no este rabo hipócrita
degenerado,
enano.

Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.


Romero solo

León Felipe. España, 1884.

Ser en la vida romero,
romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos.
Ser en la vida romero,
sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo.
Ser en la vida romero, romero…, sólo romero.
Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo,
pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.

Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo,
ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos
para que nunca recemos
como el sacristán los rezos,
ni como el cómico viejo
digamos los versos.
La mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos,
decía el príncipe Hamlet, viendo
cómo cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo
un sepulturero.
No sabiendo los oficios los haremos con respeto.
Para enterrar a los muertos
como debemos
cualquiera sirve, cualquiera… menos un sepulturero.
Un día todos sabemos
hacer justicia. Tan bien como el rey hebreo
la hizo Sancho el escudero
y el villano Pedro Crespo.

Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo.
Pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.

Sensibles a todo viento
y bajo todos los cielos,
poetas, nunca cantemos
la vida de un mismo pueblo
ni la flor de un solo huerto.
Que sean todos los pueblos
y todos los huertos nuestros.


Lo que siento es amor

Lucía Serrano. Argentina, 1948.

Tú eres la entrañable roca del mar Muerto,
oscura y visceral bajo esta tierra inmensa,
alcanzas la frescura, e ignoras que el mal
corre detrás de mí.
Tú eres el hondo secreto de las hadas,
delicado aroma del rosal,
cisne azul que bebe al alba las estrellas.
Tú eres la música de las frutas maduras,
la plenitud de un corazón acostumbrado
a vivir entre tinieblas mustias.
No es amor amar lo amable.
Me vence el rumbo vivo de todas
las palabras del poeta,
soy camino que sangra y ya no duele.
Vivo dentro de tu noche,
germen de la esperanza,
resucito en las mañanas
y eso es el amor,
un continuo nacimiento.
Letras anónimas que vuelan en invierno,
por las calles de esta vieja ciudad.
Tú eres el amor.
Blanca azucena.
Lirio empedernido por crecer.
Vara de mimbre que el viento mueve
sin quebrarse.
Libro de cuentos, besos mansos.
Tú eres el amor.
Un poco de paz para esta tarde amarga.


Ciudad sin sueño

Federico García Lorca. España, 1898.

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.

No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.

Un día
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.

Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos,
¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!

Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.


   

Renuncio a la luna

Leopoldo de Luis. España, 1918

Los hombres sufren, callan y se odian
un poco más. Sus manos, aunque heridas,
las llaves que dan vuelta al porvenir custodian
y hacen girar las ruedas menudas de sus vidas.

    Manejan la herramienta ciega de la esperanza.
Apenas sin saberlo, el mañana elaboran.
Lo que crea su esfuerzo su mano no lo alcanza.
Luz desde la tiniebla para otros atesoran.

    Sobre su espalda pisa la alegría.
En su carne el rebaño del vivir se alimenta.
El agua más hermosa surtió de su sequía.
La calma más fecunda nació de su tormenta.

    Donde hay una conquista, una luz, una hermosa
verdad edificada, hubo un esfuerzo humano.
Vivir en paz la vida es cortar una rosa
que debe su perfume a una doliente mano.

    Me duelen esas piedras colgadas como plumas
del aire, igual que alas o que lirios crecidos.
Una ola de llantos traslucen sus espumas.
Siento por los sillares una humedad de olvidos.

    Veo los invisibles desfiles de ignorados
héroes, de silenciosos hacedores de historia.
Estoy junto a la lenta masa de los ahogados
por los que sale a flote una victoria.

    Estoy junto a los árboles del miedo,
junto al zarzal de prorrumpir oscuro.
Con los que en la tiniebla tantearon me quedo,
con los que levantaron la verdad como un muro.

    Lo mejor de la vida no ha costado
más que dolor. Dolor es el asiento
del mundo que ahora crece. El otro lado
de la moneda es el dolor sin cuento.

    El eje de la tierra es esa aguja.
Cada felicidad costó una herida.
Todo lo que progresa la lágrima lo empuja.
De pena son las ruedas de la vida.

    Quiero aprender a ver en cada cosa
con que gozo o me alegro, el cimiento del luto.
Una gota de sangre hay que se posa
sobre todo lo blanco, como un rojo atributo.

    Cada paso adelante, una condena;
cada minuto de alegría, un llanto;
cada sonrisa breve, una gran pena;
cada seguridad un ciego espanto.

    Sólo el dolor es el padre del mundo.
Sólo la pena trágica nodriza.
No hay río como el llanto, de fecundo,
ni agua mejor la tierra fertiliza.

    Cuesta tanto avanzar, a tanto precio
hay que pagar un poco de ventura
que el hombre, ese funámbulo subido en el trapecio de la vida,
está a punto de saltar de su altura

    y elegir el gran hueco de la nada, el oficio
de estrellarse de bruces en el suelo,
poner punto final al ejercicio
de falsas alas y de falso cielo.

    No se puede seguir haciendo daño
en aras de una abstracta, quimérica alegría,
mientras crece un rebaño
de angustia cada día.

    Perder más que ganar. Eso prefiero.
Perder rencor, miseria, odio en las vidas.
Perder esos fantasmas que hoy tienen prisionero
al hombre, que hoy enconan sus heridas.

    La guerra que levanta su esqueleto
bajo el faldón de tanto frac gastado.
El odio que partea el feto
de lo desesperado.

    El hambre, triste pie que pisa
por el mundo. El dolor, que a tanto ser acuna.
Mientras exista un niño sin pan y sin sonrisa
yo renuncio a la luna.


Piedra de sal

León Felipe. España, 1884.

Tu estabas dormida
como el agua que duerme en la alberca…
y yo llegué a ti
como llega
hasta el agua que duerme
la piedra.
Turbé tu remanso y en ondas de amor te quebraste
como en ondas el agua que duerme se quiebra
cuando llega
a turbar su remanso dormida
la piedra.
Piedra fui para ti, piedra soy
y piedra quiero ser, pero piedra
blanda de sal
que al llegar a ti se disuelva
y en tu cuerpo se quede
y sea
como levadura de tu carne
y como el hierro de la sangre de tus venas.
Y en tu alma deje una sed infinita
de amarlo todo… y una sed de belleza
insaciable…eterna…


Acontecimientos

Jacques Prévert. Francia, 1900.

Una golondrina vuela en el cielo
vuela hacia su nido
su nido donde hay crías
les lleva una sombrilla
gusanos y dientes de león
un montón de cosas para divertir a los niños
en la casa donde está el nido
un joven enfermo revienta suavemente en su cama
en su cama
sobre la acera delante de la puerta
hay un tipo que es negro y que desvaría
detrás de la puerta un chico besa a una chica
un poco más lejos al final de la calle
un pederasta mira a otro pederasta
y le dice adiós con la mano
uno de los dos llora
el otro hace como si llorase
tiene una pequeña maleta
tuerce la esquina
y una vez solo sonríe
la golondrina pasa de nuevo por el cielo
y el pederasta la ve
Anda una golondrina…
y sigue su camino
en su cama el joven enfermo muere
la golondrina pasa delante de la ventana
mira a través del cristal
Anda un muerto…
vuela hasta una planta más arriba
y ve a través del cristal
un asesino la cabeza entre las manos
la víctima está colocada en un rincón
replegada sobre sí misma
Otro muerto dice la golondrina…
el asesino la cabeza entre las manos
se pregunta cómo va a salir de ésta
se levanta coge un cigarrillo
se vuelve a sentar
la golondrina lo ve
en su pico tiene una cerilla
llama al cristal con su pico
el asesino abre la ventana
toma la cerilla
Gracias golondrina…
y enciende su cigarrillo
No hay de qué dice la golondrina
Es lo menos que podía hacer
y se aleja a todo vuelo…
el asesino vuelve a cerrar la ventana
se sienta sobre una silla y fuma
la víctima se levanta y dice
es aburrido estar muerto
uno se queda todo frío
Fuma eso te dará calor
el asesino le da un cigarrillo
y la víctima dice No me dé las gracias
Es lo menos que podía hacer dice el asesino
bien le debo eso
toma su sombrero y lo pone sobre la cabeza
y se va
anda por la calle
de repente se para
y piensa en una mujer que ha querido mucho
es por su culpa que mató
a esa mujer ya no la quiere
pero nunca se atrevió a decírselo
no quiere hacerla sufrir
de vez en cuando mata a alguien para ella
le hace tanta ilusión
a esa mujer
él se moriría antes de hacerla sufrir
al asesino le importa un bledo sufrir
pero cuando los demás sufren
se vuelve loco
pirado
chiflado
fuera de sí
hace no importa qué no importa dónde no importa cuándo
y después se larga
cada uno a su oficio
unos matan
otros son matados
es preciso que todo el mundo viva
Si llamas a eso vivir
el asesino ha hablado en voz alta
y el tipo que le interpela
está sentado sobre la acera
es un parado
se queda ahí de la mañana a la noche
sentado sobre la acera
está esperando que las cosas cambien
Sabes de dónde vengo le dice el asesino
el otro sacude la cabeza
Acabo de matar a alguien
Es inevitable que todo el mundo muera
responde el parado
y de repente a quemarropa
¿Tiene usted alguna noticia?
¿Noticias de qué?
Noticias del mundo
noticias del mundo… dicen que va a cambiar
la vida se va a volver muy bonita
todos los días se podrá comer y habrá mucho sol
todos los hombres serán de tamaño natural
y nadie será humillado
pero he aquí que vuelve la golondrina
el asesino se va
y el parado se queda
y se calla
y escucha los ruidos
y escucha pasos
los cuenta
para pasar el rato maquinalmente
1 2 3 4 5
etc… etc…
hasta cien… varias veces…
es un hombre que se pasea nervioso
en una planta baja
en una habitación llena de papeles
tiene una cabezota de pensador
gafas de concha
una cabezota de junco bien pensante
se pasea nervioso y busca
busca algo que le permitirá transformarse en alguien
y cuando llaman a su puerta dice
No estoy para nadie
busca
busca algo que le permitirá transformarse en alguien
el mundo entero podría llamar a su puerta
el mundo entero podría arrastrarse sobre el felpudo
y gemir
y llorar
y suplicar
pedir de beber
beber y comer
que no abriría…
busca
busca la famosa máquina para pesar las balanzas
cuando la haya encontrado
la famosa máquina para pesar las balanzas
será el hombre más famoso de su país
el rey de los pesos y medidas
de los pesos y medidas de Francia
y para sí lanza pequeños gritos
viva papá
viva yo
viva Francia
de repente se golpea un dedo contra el pie de la cama
qué duro es el pie de una cama
más duro que el pie de un genio
y he aquí el junco pensante en el suelo
meciendo su pobre pie dolorido
fuera el parado mueve la cabeza
su pobre cabeza mecida por el insomnio
cerca de él se para un taxi
seres humanos bajan están de duelo
en lágrimas y de punta en blanco
uno de ellos paga al taxista
el taxista se va
con su taxi
otro humano le llama da una dirección y sube
el taxi sale de nuevo 25 calle de Châteaudun
el taxista tiene la dirección en la memoria
y la conserva el tiempo necesario
pero de todas maneras es un trabajo raro…
y cuando está con fiebre
cuando está negro cuando está acostado por la noche
miles y miles de direcciones
llegan a toda velocidad y pelean en su memoria
tiene la cabeza como una guía
como un mapa
y entonces toma esta cabeza entre sus manos
con el mismo gesto que el asesino
y se queja suavemente
222 calle de Vaugirard
33 calle de Ménilmontant
Grand Palais
Estación de Saint-Lazare
calle de los últimos Mohicanos
es increíble lo que el hombre inventa
para estropear al hombre
y cómo todo eso pasa tranquilamente
el hombre cree vivir y sin embargo está ya casi muerto
y desde hace mucho tiempo
va y viene en un triste decorado
color de vida de familia
color del primer día del año
con el retrato de la abuela
del abuelo y del tío Ferdinando
el de las orejas apestosas
a quien sólo le quedaba un diente
el hombre se pasea por un cementerio
paseando su desidia con una correa
no se atreve a decir nada
no se atreve a hacer nada
tiene ganas que todo se haya acabado,
así que cuando llega la guerra
está totalmente listo para ser liquidado
y al que asesinan
una vez pasado el terror
dice uf y dice Os doy las gracias
qué alivio
…………………………………………………………………………………….

así que el asesinado gira sobre sí mismo
y bañado en su propia sangre
está muy tranquilo
da gusto ver
este cadáver bien colocado en un rincón
en este pisito tan coquetón
hay un silencio de muerte
Parece una iglesia dice una mosca al entrar
es conmovedor
y todas las moscas reunidas dejan oír un piadoso zumbido
después se acercan al charco
al gran charco de sangre
pero la decana de las moscas les dice
Alto hijas mías
demos las gracias al dios de las moscas por este festín
improvisado
y sin una nota en falso todas las moscas comienzan a cantar
el benedícite
la golondrina pasa por ahí y frunce el ceño
la horrorizan los remilgos
las moscas son piadosas
la golondrina es atea
está viva
es bonita
vuela deprisa
hay un Dios para las moscas
hay un Dios para las polillas
para las golondrinas no hay ningún Dios
no les hace falta…
la golondrina prosigue su camino y ve
a través de los cristales de otra ventana
alrededor del joven muerto toda la familia sentada
ha llegado en taxi
bañada en lágrimas de duelo y de punta en blanco
ahora velan al muerto
se quedan ahí
si la familia no se quedase ahí
quizás se fugaría el muerto
o quizás vendría otra familia
y se lo llevaría
cuando se tiene un muerto se le toma cariño
y cuando no se tiene ninguno
se desea tener uno
La gente es tan mezquina
no es cierto tío Gracián
a quién se lo vas a decir
qué envidiosa es la gente
nos quitarían nuestro muerto
nuestro propio muerto
llorarían en nuestro lugar
eso sí que quedaría fuera de lugar
y cada uno en el espejo del armario
cada uno se mira llorar…
un parado sentado sobre la acera
un taxista en el bulevar
un muerto
otro muerto
un asesino
una regadera
una golondrina que va y viene
en el cielo color de cielo
un nubarrón revienta por fin
el granizo…
granizos gordos como el puño
todo el mundo respira
Uf
no hay que dejarse abatir
hay que sostenerse
comer
las moscas beben a lengüetadas
las crías de golondrinas se comen el diente de león
la familia la mortadela
el asesino una mata de rábanos
el taxista en el restaurante de los conductores
calle de Tolbiac
come un escalope de caballo
todo el mundo come menos los muertos
todo el mundo come
los pederastas… las golondrinas…
las jirafas… los coroneles…
todo el mundo come
menos el parado
el parado que no come porque no tiene nada para comer
está sentado sobre la acera
está cansado
hace tanto tiempo que espera que cambie
empieza a estar harto
de repente se levanta
de repente se va
en busca de los otros
de los otros que no comen porque no tienen nada para comer
de los otros tan cansados
de los otros sentados en las aceras
y que esperan
que esperan que eso cambie y que están hartos
y se va en busca de los otros
todos los otros
todos los otros tan cansados
cansados de esperar
cansados…
Mirad dice la golondrina a sus crías
son millares
y los pequeños sacan la cabeza del nido
y miran a los hombres andar
Si se quedan bien unidos juntos
comerán
dice la golondrina
pero si se separan reventarán
Quedad juntos hombres pobres
quedaros unidos
gritan las crías de la golondrina
quedaros unidos hombres pobres
quedaros unidos
gritan las crías
algunos hombres las escuchan
saludan con el puño
y sonríen.


Matrimonio imperfecto

Gioconda Belli. Nicaragua, 1948.

No estaría nada mal
regalarles hoy
la utopía del matrimonio perfecto:
la isla que jamás tocarán los huracanes,
donde cada pregunta cotidiana
vendra con su genial respuesta
y el viento cabalgará las tardes
con el sonido de risas lejanas.
¡Ah! Cómo quisiera regalarles hoy
un matrimonio envuelto como un jarrón chino
completo con los jeroglíficos para adivinar el futuro
y el mapa de las acertadas decisiones;
un jarrón donde florecieran girasoles tercos
en medio de copiosos inviernos tropicales.

Pero osaré conjurar el anverso oculto de la vida,
la que se labra a diario con las manos,
para atreverme esta tarde en San José de Costa Rica
frente a amigos y parientes,
a retarles al amor más imperfecto y humano
al pequeño caudal que cuando se hace río
y corre al mar, se despeña,
y en su aparente quiebre
crea las cataratas en las que el sol sale a pescar el arcoiris,
ese que a veces se llena de rugidos
de palabras que nombran impetuosas
los peñascos y rápidos
con que se topa el agua,
pero que, saciado de decir,
fluye para recuperar la transparencia
donde flotan los barcos
transportando las frutas.
No quiero para ustedes el amor irreal de las tarjetas
decoradas con dulces y lacitos
sino ese que han venido afinando sabiamente
cada uno a su modo,
un amor brioso y exigente
que ha aprendido a ser manso siendo terco
siendo tenaz, constante,
cada uno con su rama en el pico
haciendo y acomodando el nido.
Cada uno con su sueño,
osando revelar la arcilla de su edificio íntimo.
La utopía es la isla solitaria donde nadie desembarca.
Por eso les deseo el amor más desnudo y cotidiano
la confianza y ternura
de acariciarse el alma, aceptarse imperfectos
y construir la recóndita esquina
del abrazo apretado
del pedazo de mundo
donde la soledad termina.



Amor

Rosario Castellanos. México, 1925.

Sólo la voz, la piel, la superficie
Pulida de las cosas.

Basta. No quiere más la oreja, que su cuenco
Rebalsaría y la mano ya no alcanza
A tocar más allá.

Distraída, resbala, acariciando
Y lentamente sabe del contorno.
Se retira saciada
Sin advertir el ulular inútil
De la cautividad de las entrañas
Ni el ímpetu del cuajo de la sangre
Que embiste la compuerta del borbotón, ni el nudo
Ya para siempre ciego del sollozo.

El que se va se lleva su memoria,
Su modo de ser río, de ser aire,
De ser adiós y nunca.

Hasta que un día otro lo para, lo detiene
Y lo reduce a voz, a piel, a superficie
Ofrecida, entregada, mientras dentro de sí
La oculta soledad aguarda y tiembla.

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